Un maestro de la guitarra

Serranito | Crítica

El tocaor Víctor Monge 'Serranito' se despide del público con esta gira.
El tocaor Víctor Monge 'Serranito' se despide del público con esta gira. / Álvaro Carmona

La ficha

*** 'Serranito'. Guitarra: Víctor Monge ‘Serranito’, Paco Vidal, Javier Conde. Cante: Eva Durán. Percusión: Víctor Monge hijo. Lugar: Teatro Central. Fecha: Domingo, 3 de octubre. Aforo: Tres cuartos.

Llega el maestro en su gira de despedida a Sevilla, junto a dos de sus discípulos aventajados. En realidad, todos lo son. Todos los guitarristas actuales, en especial los que se dedican al toque solista, deben en parte el poder dedicarse a su labor a la que llevó a cabo Víctor Monge Serranito Serranito desde los años 60 cuando, en un país sin público para el toque solista, decidió proponerse como héroe de la guitarra con algunas de las composiciones más intrincadas del concertismo jondo.

Algunas de ellas estaban presentes en este recital y, aunque las fuerzas no pueden ser las mismas, el tocaor de Madrid contó con la ayuda de Vidal y Conde para llevarlas a buen fin. Más que un concierto fue un homenaje a un hombre que lo fue todo y que lo dio todo por la guitarra y cuyo nombre está inscrito en letras de oro en la historia del flamenco.

El maestro no nos privó de algunas de sus composiciones más emblemáticas por tarantas, farrucas o soleares.

Y lo hizo, además, en solitario, ofreciendo buena parte de su recital con la guitarra de concierto como instrumento exclusivo. Para los estilos más festeros se hizo acompañar de un grupo compuesto por sus dos discípulos, además del cante de Eva Durán y la percusión de Víctor Monge hijo. Serranito fue explicando el contexto del que surgieron algunos de sus clásicos, especialmente los de su última etapa creadora, que fue en la que se centró este recital.

De esta manera entendimos las razones que le llevaron a componer y a nombrar temas como Cazorla, Llora la farruca o Ya estoy en Triana, entre otros. Se disculpó en varias ocasiones por no encontrarse en la plenitud de sus facultades, pero el público estaba encantado.

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