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EL REY SE MUERE | Crítica de teatro
La ficha
***** ‘El rey se muere’ Atalaya. Autor: Eugene Ionesco. Adaptación: Marga Reyes. Dirección: Ricardo Iniesta y Sario Téllez. Intérpretes: Carmen Gallardo, Marga Reyes, Marina Miranda, Aurora Bas, Jerónimo Arenal y Joaquín Galán. Espacio escénico: Ricardo Iniesta y Ana Arteaga.. Composición y dirección musical: Luis Navarro. Vestuario: Carmen de Giles y Flores de Giles. Diseño de luces: Valentín Donaire. Realización Escenografía: Ana Arteaga. Fotos y video: Félix Vázquez. Producción: Macarena Gutiérrez. Distribución: Victoria Villalta. Comunicación: Carmen de Matos. Gerencia: Rocío de los Reyes. Fecha: Viernes, 20 de febrero de 2026. Lugar: Centro TNT-Atalaya. Aforo: Completo
El teatro del absurdo (Eugène Ionesco, Samuel Beckett) surge entre los años 40 y 60 del siglo pasado, después de la Segunda Guerra Mundial, como una respuesta a un mundo desquiciado por el Holocausto, la utilización de la bomba atómica y el establecimiento de la división entre el capitalismo y el comunismo. Poco podía imaginar Ionesco que sesenta años después de su El rey se muere, esta parábola existencialista ante la inminente muerte de un déspota, el mundo actual se ha convertido en un fiel reflejo de su obra. El absurdo se ha adueñado de la política, del clima y se impone la ley del más fuerte en una escalada continua hacía la degradación ayudada por un buen número de mandatarios que provocan guerras y genocidios apoyados por el silencio del resto de la humanidad.
Ricardo Iniesta y Sario Téllez han sabido ver la insoportable actualidad de este texto, arrumbado ya en los planes de estudios de las escuelas de arte dramático, y nos ofrecen una fabulosa versión en la que Ionesco aparece como un Nostradamus anunciando el desastre climático, la devastación ambiental y dibujando un planeta que se queja y se subleva provocando terremotos y autodestruyéndose como protesta. Pero esto es solo el marco, la profundidad de Ionesco es el enfrentamiento de cada ser humano ante la muerte. Una muerte, en directo: Al rey se le comunica que le queda una hora y media de vida al empezar la función. El rey, y nosotros con él, viviremos su muerte en una proposición rabiosamente moderna que sitúa a Atalaya y a Ricardo Iniesta, junto a su codirectora Sario Téllez, en el momento de mayor madurez de su trayectoria artística. La compañía, premio Nacional de Teatro en 2008, no ha parado de crecer artísticamente. Se la nota liberada de sus principios, la experimentación como seña de identidad y, ahora, se expande con libertad, sin prejuicios, desarrollando la sabiduría acumulada por ese elenco que, en esta obra se refleja en la inmaculada interpretación de sus actores, la mayoría amamantados por la loba Atalaya desde sus comienzos. Si ya no hay duda de que Carmen Gallardo es una de las mejores actrices de España, no lo es menos que Jerónimo Arenal, Marga Reyes, Joaquín Galán, Marina Miranda y Aurora Bas son insuperables. Es difícil ver un elenco tan unido, tan compacto, tan versátil. Se nota la mano de Sario Téllez en cierta dulzura en sus actuaciones. Dominio de la voz, del cuerpo, fusión entre actores y escenografía (marca de la casa). La interpretación puesta al servicio del todo. Esta vez, el leitmotiv son los marcos. Con algo, aparentemente simple, Iniesta-Téllez conforma una individualización de cada personaje, y consigue que focalicemos sobre ellos la mirada, yendo del todo a lo concreto. Los marcos se duplican, crecen, disminuyen, se convierten en coronas, en horcas en un derroche de imaginación que recuerda a los juegos de magia.
El vestuario de Carmen de Giles y Flores de Giles se pone al servicio de la historia. Tonos suaves, diseños acordes a la función que cumplen dándole la personalidad a cada personaje y huyendo de lo estridente porque estamos ante el final de una vida. La Iluminación de Valentín Donaire justa y determinante en el final de la obra y la música de Luis Navarro suena más dulce y clásica que nunca.
Esta es la parte épica de la función. Pero Ionesco supo retratar el final de una vida. El deterioro físico, el olvido, la miseria humana ante el vacío. La obra, con un impactante final (y me refiero al último segundo de la obra) es un acto poético ante la muerte. Iniesta-Téllez han sabido exprimir la poesía de Ionesco (esa mano que contiene al reino entero, con sus bosques, sus valles, sus montañas, como recuerdos de una vida) hacen que El rey se muere se convierta en una obra imprescindible.
El humor, bendito humor, está presente desde el comienzo, luego, la libertad creativa, la interpretación perfecta, los marcos cómplices y un Ionesco inspirado hace de este espectáculo una de las mejores propuestas de la temporada.
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