Brahms y su visión feliz de la vida
ORQUESTA Y CORO NACIONALES DE ESPAÑA | CRÍTICA
La ficha
****Programa: ‘Ein Deutsches Requiem’ op. 45, de Johannes Brahms. Solistas: Katharina Konradi (soprano) y José Antonio López (barítono). Director: Josep Pons. Lugar: Teatro de la Maestranza. Fecha: Domingo, 18 de enero. Aforo: Lleno.
Brahms abre su reflexión sobre la vida, la de aquíy la del más allá (que no sobre la muerte) con “Bienaventurados los que padecen, porque ellos serán consolados” (Mat 5: 4) y la cierra con “Bienaventurados los muertos que mueren en el Señor” (Ap 14:13). Una pena que, una vez más, el Teatro de la Maestranza no proyecte los textos que se cantan (es una contradicción incluirlos en su web y a la vez advertir que no se usen los teléfionos móviles durante el concierto), porque el público habría podido identificar el verdadero sentido de la música de Brahms y su personal elección de los textos bíblicos y así adentrase en esa visión beatífica del paso a la otra vida, sin terrores ni miedos, sin penas infernales, sino en la bueanventuranza de la unión con la divinidad.
Salvo en el segundo número “Denn alles Fleisch, es ist wie Gras”, al que le faltó un punto más de dramatismo en el arranque, algo más de crispación en el fraseo, la versión de Pons se movió por terrenos contemplativos, serenos, no por ello excesivamente suavizados, pues en “Denn wir haben hie keine bleibende Statt” hubo un exuberante despliegue de carga expresiva, con un coro excelso y un pasaje fugado realmente admirable. El final complaciente se materializó en sonidos muy matizados por parte de la intachable orquesta, pero con un tempo animado. Espléndido López, de voz clara y atenta al texto (se nota su adedicación al lied), timbre cálidos y sonido poderoso que añadió dramatismo con su irrupción al sexto número. Y Konradi, voz angelical y con brillo que transmitió consuelo a través de sus largas frases sostenidas como si el tiempo no existiera.
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