Carlos V, polarizado

En este tiempo de extremismos, hasta un episodio histórico como el quinto centenario de las bodas del emperador Carlos V con Isabel de Portugal, termina convertido en arma arrojadiza

Una preboda imperial con bulla

Celebración del desfile conmemorativo por el quinto centenario de las bodas entre el emperador Carlos V con Isabel de Portugal. / Antonio Pizarro

No suele ser Andalucía demasiado memoriosa con su historia. En los callejeros faltan placas que recuerden el pasado y apenas contamos las luminosas crónicas del ayer por olvido o desidia. Por eso, cuando se conmemora un episodio histórico estamos de enhorabuena. Así ha ocurrido –está ocurriendo– con la celebración del quinto centenario de las bodas del emperador Carlos V con Isabel de Portugal que tuvieron lugar en Sevilla y la luna de miel en Granada en 1526.

Sin embargo, en este tiempo de extremismos, hasta un episodio histórico y cultural termina convertido en arma arrojadiza. Es lo que ha sucedido con el desfile conmemorativo del pasado fin de semana en Sevilla. Se recordaba un hecho de relevancia histórica porque la elección de Sevilla y Granada como las ciudades que acogerían el enlace tuvo un significado relevante en el devenir de la llamada nueva Andalucía.

Sevilla rivalizó con Toledo para ser el escenario como pujante capital económica del imperio más importante de su tiempo. Y Granada acogió durante meses a la corte dotando de relevancia a una ciudad que, desde su conquista a los nazaríes por los Reyes Católicos, había sido olvidada en el último rincón del reino. A partir de la estancia de los monarcas, se transformó en gran escenario renacentista como demuestra el Palacio de Carlos V.

Sevilla entró en la modernidad. Cambió su fisonomía pasando de ser una ciudad de aspecto tardomedieval a levantar edificios como el nuevo Ayuntamiento en estilo plateresco o los palacios renacentistas de la aristocracia beneficiada por el comercio con América. Al mismo tiempo, el monopolio comercial con el Nuevo Mundo llena Sevilla de mercaderes de toda Europa que imprimen un aire cosmopolita. Lo que se recuerda con esta conmemoración no es sólo una rancia boda de alto copete entre reyes, es algo más importante.

Pero en este mundo miope todo termina envenenado por banderías. Así, este acontecimiento histórico ha quedado insólitamente reducido a la España de la extrema derecha. ¿Y por qué el pasado histórico termina asociado con el pensamiento reaccionario?

Hacer el desfile el Día de Andalucía no era lo más apropiado. Ya sabemos que la boda se celebró el 11 de marzo y que Isabel de Portugal llegó el día 3 y el emperador una semana después. Pero la razón de alterar la fecha fue la imposibilidad de coincidir con el derby Sevilla y el Betis o el Día de la Mujer el próximo 8 de marzo. El acontecimiento cultural quedaba a merced de otras prioridades del calendario.

Sin pensar en esta razón tan simple como entendible, algunos se han lanzado a dar curiosas interpretaciones. De esta forma, un desfile histórico se ha interpretado como metáfora del mundo ultramontano que quiere recuperar el imperio español. Qué paradoja, cuando lo que se conmemoraba era un episodio en el que La Andalucía –la Castilla Nueva– salía beneficiada como territorio pujante de nuestro Siglo de Oro. Quizás el camino que nos llevaría al reconocimiento de un lugar moderno y diferente de la vieja Castilla medieval. La Andalucía de hoy…

El desfile conmemorativo tenía algunas licencias históricas fruto de la dificultad de montar un cortejo de época en las calles. En este apartado, esta actividad cultural también ha sido atacada por otros bandos. Un bando en el que yo suelo batallar: el de los que piden rigurosidad histórica frente al mundo superficial en el que vivimos. Lo malo es que esta crítica ha llegado llena de crispación e intentando desacreditar la feliz celebración de una Fiesta del Renacimiento semejante a la de ciudades europeas como Gante. ¿Tanto molesta ver bailar pavanas en las calles de la ciudad? ¿Y oír música de cancioneros?

El desfile fue una evocación histórica, una representación teatral producida por una compañía más que solvente en materia histórica: Teatro Clásico de Sevilla. La dirección e idea escénica fue además de uno de los creadores dramáticos más respetados: Alfonso Zurro. Sin olvidar al grupo Ministriles Hispalensis inspirado en las capillas musicales que se crearon en aquella España de Carlos V. Hicieron una acción callejera más que digna, una actuación teatral que buscaba la divulgación y llegar a un público que en buena parte no conoce lo sucedido hace cinco siglos. Era un desfile en la calle, no un acto académico. Si buscan una actividad de alta especialización histórica, no se preocupen, en el Alcázar, la UIMP y en la Real Academia Sevillana de Buenas Letras se celebrarán dos congresos de gran nivel histórico. Sólo se trata de entender los formatos. Y, de paso, respetar a los que ha

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