Arte Ocaña y Colita: testimonio gráfico de una amistad

  • La fotógrafa dona al museo del artista en Cantillana 27 imágenes, recuerdos de la "libertad" y la "alegría" de un creador único que "traía un viento que lo renovaba todo"

Ocaña y Camilo, en una de las fotografías que realizó Colita. Ocaña y Camilo, en una de las fotografías que realizó Colita.

Ocaña y Camilo, en una de las fotografías que realizó Colita.

Colita (Isabel Steva Hernández, Barcelona, 1940) recuerda aún con precisión cómo conoció a Ocaña. Ocurrió en la inauguración de una muestra de María Girona, un 11 de mayo. En esa fecha se celebra cada año una feria de hierbas medicinales dedicada a San Ponce,y por esa razón Ocaña asistió a aquella muestra con un oloroso cesto de ramos de manzanilla. La fotógrafa ya había firmado algunas de las series emblemáticas de su carrera –los retratos de Carmen Amaya en el rodaje de Los tarantos, su visión de la gauche divine que frecuentaba el Bocaccio–, pero su experiencia no impidió que le deslumbrara aquella figura desinhibida y única, ese creador inclasificable que sabía convertir en arte la vida, exactamente como hacía Camilo, Camilo Cordero, pintor, actor y modelo que lo acompañaba esa tarde y lo acompañaba siempre. Colita quedó prendada de esos dos personajes, que tan bien representaban la rebeldía y la provocación de la Barcelona underground del momento, y quiso captar con su cámara ese espíritu imprevisible con el que se desenvolvían. Pronto cumplió aquel deseo: Ocaña y Camilo visitaron su estudio y allí protagonizaron una sesión que la fotógrafa rememora todavía en las entrevistas como un momento de diversión y libertad. Aquello supondría también el comienzo de una amistad que sería breve: el de Cantillana moriría seis años después, en 1983.

Colita, cuya obra convivió este verano con la de Ocaña en la muestra Romper el aire, que acogió la galería Alarcón Criado, ha cedido ahora 27 fotografías que realizó al artista para que formen parte de los fondos del Museo Ocaña, en Cantillana, según anunció el Ayuntamiento de la localidad. "Para mí supone un honor que mis fotos estén en el Museo Ocaña y poder contribuir de esta manera a mantener vivo su recuerdo, recuperar su figura y su legado, porque era una persona genial en todos los sentidos y tenemos que procurar que los caminos que abrió no se vuelvan a cerrar", asegura la fotógrafa en una nota enviada por el consistorio del municipio.

Ocaña (1947-1983), retratado por Colita. Ocaña (1947-1983), retratado por Colita.

Ocaña (1947-1983), retratado por Colita.

La fotógrafa cree que igual que en el imaginario de Ocaña juegan un papel fundamental las raíces –esas viejas de pueblo que tanta huella dejarían en su sensibilidad, las procesiones y las costumbres con las que creció– su trayectoria está inequívocamente unida a Barcelona, a las Ramblas y a la Plaza Real "de por vida, porque se funde con la historia de la ciudad y representa un auténtico icono de la libertad", dice la creadora catalana.

Con esta donación, Colita viaja a Cantillana, un destino al que no se ha desplazado pero que cree conocer por las descripciones que le daba Ocaña. "Quería mucho a su pueblo y lo tenía siempre en su boca", evoca la fotógrafa, que tras la muerte del pintor aquel fatídico verano, por las quemaduras que le provocó una bengala en el disfraz de sol que llevaba en un desfile infantil, descubrió un mensaje en el contestador de su casa en el que Ocaña la animaba a bajar al sur: "Nena, guapa, vente para Cantillana que estamos en fiestas". Colita, que se había enterado de la desgracia por Ventura Pons, que había dirigido Ocaña, retrato intermitente, lamentó la muerte no sólo del amigo, sino la de un pintor autodidacta y naíf que había alcanzado ya, pensaba ella, el dominio de sus facultades.

Las fotografías que se expondrán en el Centro de Interpretación Ocaña proceden no sólo de aquella sesión en el estudio. Otras imágenes las tomó Colita en casa del artista, cuando se disponía a llevarse sus cuadros a una exposición que organizaba la activista cultural Marta Tatjer en el Convent dels Àngels de Barcelona. El traslado de las obras, que hizo "acompañado con sus amigos y unos músicos", refleja ese ánimo luminoso que derrochaba Ocaña. "Nos dejó un importante legado, pero sobre todo su espíritu, su libertad y su alegría, que tanto le definían, porque adonde llegaba pasaban cosas, traía un viento que lo renovaba todo", concluye Colita.

Colita, en una visita a Granada en 2017. Colita, en una visita a Granada en 2017.

Colita, en una visita a Granada en 2017. / Álex Cámara

Para el concejal de Cultura del Ayuntamiento de Cantillana, Carlos J. Carvajal Lozano, que el Museo Ocaña "pueda disponer de una colección de fotografías de la talla de una profesional como Colita va a suponer un importante atractivo para todas las personas que visiten este centro expositivo. Se van a encontrar a un Ocaña en plenitud e inmortalizado en unas imágenes para la posteridad", advierte. Cantillana y Barcelona, los dos puntos en los que se desarrolló la aventura artística y vital del creador, estarán ahora un poco más cerca.

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