Cristóbal Quintero: del gesto al mito
El artista sevillano Cristóbal Quintero presenta en Birimbao una exposición donde la pintura queda al servicio del gesto. Un ejercicio de síntesis que explora la capacidad expresiva del cuerpo
Belén Rodríguez y la belleza de lo esencial
La ficha
‘Figuras en un paisaje’. Cristóbal Quintero. Galería Birimbao (Calle Alcázares 5, Sevilla). Hasta el 21 de febrero.
Con Figuras en un paisaje, son ya siete las exposiciones individuales con las que Cristóbal Quintero (Pilas, Sevilla, 1974) ha desplegado su pintura en la galería Birimbao. Sobrevolando la mitología y la historia del arte, el artista presenta más de 40 piezas, casi todas de pequeño-mediano formato, llevadas a cabo en esmalte, utilizando sólo cuatro colores por obra y donde el gesto constituye un eje central en el desarrollo pictórico.
Estas obras se antojan escenas observadas en la distancia en las que los personajes y el paisaje se funden en un solo plano, donde hay que aguzar la mirada para discernir los diferentes elementos que las componen y en las que el relato de lo que acontece en ellas se revela a través de lo gestual. Al igual que la mitología o la historia del arte, sólo puede surgir a través de la distancia y sólo se explica a través del gesto.
Quintero, aparte de ser un gran conocedor de la historia del arte y de entender a la perfección los códigos técnicos y narrativos de las diferentes etapas y corrientes que la conforman, es un virtuoso del gesto. En su trayectoria ha ido explorando cada vez más la relevancia expresiva, el gran valor comunicativo, que tiene la postura del cuerpo humano, lo que le ha llevado en esta exposición a querer prescindir de otros elementos o reducirlos, para vertebrar estas obras a través del lenguaje gestual.
El gesto aparece en la pintura de Quintero como un elemento vertebrador, vibrante, que compone la escena, dando sentido a cada mancha, a cada color
La economía cromática (casi en todas las obras usa exclusivamente cuatro colores), la aplicación del esmalte (que a diferencia del óleo es mucho más compacto, menos sutil y maleable) y la sintetización de la figuración a través de la mancha, son las líneas marcadas por el artista para llevar el gesto a la máxima expresión dentro de su pintura.
Claro que para ello, Cristóbal Quintero ha desarrollado un conocimiento extraordinario de la anatomía humana. De esta manera, a través de manchas que tomadas por separado no serían más que eso, simples manchas, articuladas entre sí, construyen, no un cuerpo humano, sino la capacidad expresiva de este, manifestando detalles intrincados y sutilezas complejas que, aunque parezca imposible, emanan de la unión de pinceladas aparentemente toscas.
El gesto aparece en la pintura de Quintero como un elemento vertebrador, vibrante, que compone la escena, dando sentido a cada mancha, a cada color; el gesto como activador de todo el engranaje pictórico dispuesto por el artista, otorgando un valor narrativo, comunicativo y fenomenológico en el que entabla una interrelación entre las figuras y el paisaje.
La dirección exacta de una pincelada, una pequeña curvatura, una desproporción anatómica premeditada o una pequeña superposición de capas de esmalte, pueden denotar con detalle y exactitud una tensión o lo contrario, una emocionalidad específica, un movimiento, un estado anímico, una conexión entre personajes e incluso una atmósfera que envuelve la acción. Cristóbal Quintero resuelve con una aparente sencillez y una habilidad intuitiva, componentes cruciales que, más que estar comprendidos dentro de una escena, es esta la que se comprende a través de ellos.
En las obras de Figuras en un paisaje, la intuición del artista se transmite a la mirada del espectador a través de composiciones perspicaces, equilibradas. Quintero logra que haya una suerte de recorrido que el espectador, guiado por esa intuición, vaya transitando y hallando elementos, discerniendo la amalgama de pinceladas en figuras y paisajes, descubriendo los diferentes sucesos que van aconteciendo. A través de estas composiciones el artista genera un dinamismo, una energía que proyecta movimiento sobre la pintura.
En cuanto a las escenas representadas en estas obras, la mayoría se inspiran en La metamorfosis de Ovidio o en referencias a la historia del arte. En algunas es sencillo identificar la referencia, ya se trate de una escena mitológica o de la alusión a una obra reconocida. Pero en otras ocasiones, el artista juega con el espectador y ante esa distancia con la que parecen observarse las obras, aunque la acción de la escena se dilucide a través del gesto, el contexto en el que se desarrolla y por tanto, las referencias, no son evidentes, generando una incógnita que el artista no busca resolver.
Esta duda tiene algo de poderoso, ya que inscribe tanto a la historia del arte como a la mitología en una misma categoría. Un recurso con el que el artista abre su pintura a la reflexión sobre las relaciones entre estas dos disciplinas que han estado íntimamente interconectadas a lo largo del tiempo. Propiciando así preguntas como “¿qué hay de mitológico en la historia del arte?” o “¿puede subsistir (siquiera existir) una mitología sin historia del arte?”.
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