Belén Rodríguez y la belleza de lo esencial

La artista presenta una serie de obras creadas a través de una técnica tradicional japonesa donde se exalta lo esencial y lo cotidiano.

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Algunas de las obras de Belén Rodríguez llevadas a cabo con la técnica del 'kasuri'.
Algunas de las obras de Belén Rodríguez llevadas a cabo con la técnica del 'kasuri'. / Cortesía de la galería
Guillermo Amaya Brenes

11 de febrero 2026 - 18:28

La ficha

‘Te pregunto por el extremo último de la tierra’. Belén Rodríguez. Galería Alarcón Criado (Calle Callao 16, Sevilla). Hasta el 15 de febrero.

La obra de Belén Rodríguez (Valladolid, 1981) es pictórica, a pesar de la ausencia de pintura. También es escultórica, aunque no haya sido tallada. Sin duda es textil, aunque quizás no sea una cualidad capaz de definir la singularidad de su trabajo. Te pregunto por el extremo último de la tierra supone la tercera exposición individual de la artista en la galería sevillana Alarcón Criado.

Es interesante cómo, desde su residencia en Academia de España en Roma en 2012, con las exposiciones After Sputnik (fraguada en la propia residencia) y After Sputnik II (continuación del mismo proyecto), Belén Rodrígez fue afianzando ciertos aspectos en su obra que siguen, de algún modo, presentes. Aspectos que han ido evolucionando coherente y progresivamente, a un ritmo acompasado con los intereses que se han ido despertando en la artista, con sus momentos vitales o con los proyectos que emprendía, hasta consolidar su práctica actual.

Vista general de la exposición
Vista general de la exposición / Cortesía de la galería

Aunque su trabajo pictórico comenzó con la acuarela y el acrílico, hace más de diez años Belén Rodríguez comenzó a experimentar con obras donde la imagen surgía, no desde la disposición de la pintura, sino desde su retirada a través de despigmentación o desde el collage. Las derivas del teñido y desteñido de los tejidos fueron asentándose en su trabajo, dando así una mayor relevancia a los propios materiales y procesos.

Poco a poco, el interés de la artista por lo esencial se ha ido acrecentando, llegando a crear ella misma los tintes que utiliza en sus trabajos. Belén, que vive en una cabaña junto a su pareja y su hijo en una montaña del norte de España, recurre al bosque que tiene frente a su casa para recolectar diferentes hojas y flores y crear sus propios tintes. En su labor se entremezclan las tareas de artista, recolectora y alquimista. De este modo, no sólo hay una conexión intrínseca entre el entorno que habita y la obra que produce, sino que subvierte el sistema de representación: no es necesario pintar un bosque cuando el material proviene del bosque mismo.

Belén Rodríguez entiende lo esencial como la articulación primera entre el ser humano y su entorno.

Otro fundamento que ha llevado a Belén Rodríguez hasta Te pregunto por el extremo último de la tierra, ha sido su estancia en Japón a través de una beca otorgada por la Fundación Botín. En busca de los tejidos de los que Soetsu Yanagi hablaba en su libro La belleza del objeto cotidiano, la artista llega al kasuri, una técnica tradicional para confeccionar prendas de uso cotidiano que consiste en el entretejido de fibras de banano que han sido teñidas previamente a través de reservas, atendiendo a un patrón preestablecido.

En este procedimiento de entrelazar unas tiras con otras, emergen imprecisiones o pequeños errores que alteran el dibujo del patrón original. La impronta del proceso como parte de la belleza natural que busca Rodríguez en su obra. Una belleza que trasciende lo tangible, que es parte de esa urdimbre capaz de retener, entre las propias fibras del tejido, la temporalidad procesual de cada pieza.

Vista general de la exposición
Vista general de la exposición / Cortesía de la galería

En esta exposición se unen obras de pequeño y gran formato guiadas por la técnica del kasuri, fotografías que registran el proceso e incluso una proyección sobre una de las piezas donde el músico callejero Tatematsu Masahiro, interpreta 22 piezas musicales que ha compuesto inspirándose en los patrones propuestos por Belén Rodríguez.

Y es que, en el resultado de estas obras, el teñido natural de los tejidos y la aparición intermitente de porciones de diferentes colores, pueden recordar a la textura y apariencia de las partituras medievales. Algunas piezas también pueden recordar a un registro cartográfico o a lo sintético y rítmico de los dibujos arcaicos o tribales. En esa labor de indagar en los procesos, urdiendo desde lo esencial, las obras de Rodríguez quedan abiertas a diferentes lecturas, capaces de evocar en diferentes direcciones.

En definitiva, Belén Rodríguez otorga un valor al tejido que parece confrontar con el trato que se le da a lo textil en los tiempos que corren, donde las modas efímeras y lo ajeno y lejano de los procesos y agentes que participan en su producción, hacen que lo textil sea visto como algo superficial, extrínseco y caduco. En su trabajo, lo textil emerge en una armonía entre lo procesual y lo matérico, desde y hacia lo esencial. Entendiendo lo esencial no como lo sencillo, sino como lo sustancial, como la articulación primera entre el ser humano y su entorno, tanto natural como cultural. En la obra de Belén Rodríguez, la belleza es hallada en la esencia de lo cotidiano.

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