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Cultura

El cuarteto explorador

  • Formado hace diez años por cuatro profesores de la ROSS, el Cuarteto Emispherio acaba de publicar en el sello londinense Oboe Classics el primer disco de su trayectoria artística.

VANHAL / KROMMER / ALBÉNIZ / ARNOLD / FERRAN. Cuarteto Emispherio. Oboe Classics.

A medida que pasan los años, el punto de origen se va difuminando, pero no resulta difícil adivinar que detrás de la formación del Cuarteto Emispherio estuvo el deseo de la oboísta Sarah Roper de hacer música de cámara con sus compañeros de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla (ROSS). "Me gusta mucho la combinación del oboe con la cuerda y probamos. En 2005 nos salieron unos conciertos, vimos que había buena química entre nosotros y decidimos seguir adelante". Ese nosotros incluye al violinista Vladimir Dmitrienco, que acababa de llegar por entonces a la orquesta, al violista Jerome Ireland y a la violonchelista Gretchen Talbot, ambos en el conjunto desde su fundación en 1991.

El próximo martes a las 20.30 horas, los cuatro presentan en la sala de prensa del Teatro de la Maestranza su primer disco como grupo, un variopinto recorrido por música de cuatro siglos. "Conocí hace un año al dueño del sello en Londres. Es un sello dedicado a la música para oboe -dice Roper- y nos ha venido muy bien, porque ya teníamos decidido hacer el disco y aunque es un sello que no se distribuye en España, sí está en Spotify y en las principales tiendas virtuales, donde se pueden comprar las pistas por separado". No son buenos tiempos para los discos, sobre todo cuando la producción tiene que correr a cuenta de los propios intérpretes, pero de momento siguen pareciendo inevitables para darse a conocer. "Una grabación es una forma de hacer que nuestro trabajo quede registrado de algún modo", comenta Vladimir Dmitrienco, "y si alguien lo compra, mejor todavía."

Para su debut han escogido un repertorio original, que se aparta de lo que ellos mismos empezaron haciendo, obras de Mozart o Britten relativamente populares. "La misma formación del grupo suponía ya un deseo de explorar el repertorio de los cuartetos con oboe", dice Gretchen Talbot, "y nos llevamos bastantes sorpresas porque hay más de lo que pensábamos". Como había donde escoger prefirieron eludir los lugares comunes. "Era también una forma de buscar una mayor difusión para el trabajo. Los Cuartetos de Mozart y Britten han sido grabados muchas veces por conjuntos y solistas muy célebres, y en ese terreno era difícil competir", confiesa Roper. Finalmente, integran el CD dos obras clásicas de otros tantos compositores checos, Johann Baptist Vanhal (1739-1813) y Franz Krommer (1759-1831), el Cuarteto para oboe Op. 61 de Malcolm Arnold (1921-2006), obra de 1957, Horus, concertino para oboe y trío de cuerdas del valenciano Ferrer Ferran (1966), escrita en 2007, y dos arreglos de otras tantas piezas de Albéniz (Tango y Córdoba). Música pues de los siglos XVIII a XXI.

Para Jerome Ireland, "los Cuartetos de Vanhal y Krommer han sido una verdadera sorpresa. A estos compositores se los conoce poco, a lo mejor por Mozart. Si no estuviera Mozart se los escucharía más". Talbot se muestra también sorprendida por la "gran calidad de la obra de Vanhal, una pieza que tiene una extraordinaria frescura. Me encanta el Andante". "Esta música se programa poco porque se asumen pocos riesgos, cuando en realidad la gente debería de estar encantada por acercarse a música que apenas se ha escuchado antes", comenta Dmitrienco, para quien la obra de Krommer es "técnicamente más compleja". "Aunque es de la misma época resulta en efecto algo más difícil que la de Vanhal", apunta Roper, para quien se trata de una obra que "está llamando ya a las puertas del Romanticismo, sobre todo por el color". "Armónicamente no es tan simple como la obra de Vanhal", apostilla Talbot.

En el álbum llaman la atención los arreglos de dos piezas originales para piano de Albéniz, que hicieron entre los cuatro y que para Dmitrienco "hay que entender como un homenaje a la riqueza musical de este país". "Nos sirven además como una especie de puente entre dos épocas", añade Talbot. "Sí, porque además van muy bien con la obra de Ferrer Ferran, que muchos oboístas no conocerán, pero es espléndida. Más conocida será quizá El bosque mágico, compuesta para oboe y banda, pero Horus está muy bien escrita", afirma Roper. "Es música contemporánea que se puede escuchar", dice medio en broma Jerome Ireland, "con un trabajo muy interesante y original de texturas". "Sí, es música actual con melodía", añade Dmitrienco, "una obra que es a la vez grotesca y romántica, una mezcla muy interesante de estilos y de épocas, y además está muy bien escrita para las cuerdas". Con respecto al Cuarteto de Malcolm Arnold, para Gretchen Talbot, "es una pieza en la que se integran muchas influencias, hay algo de jazz, mucho sentido del humor, y luego está ese segundo movimiento, que parece fuera del tiempo". Se trata de una obra de la que apenas había un par de grabaciones anteriores, por lo que la fundación que mantiene el legado del compositor británico ha subvencionado con una pequeña cantidad el registro.

Esta entrevista se realizó nada más terminar el primer ensayo para el primer programa de abono de la temporada de la ROSS, que estuvo jueves y viernes pasados en manos del nuevo director artístico del conjunto, el estadounidense John Axelrod, al que ya conocían de sus anteriores comparecencias como director invitado. Combinar el trabajo cotidiano de la orquesta con la música de cámara es fundamental para los cuatro: "Es siempre agradecido buscar huecos para este tipo de trabajo, que te exige otra filosofía, una forma de tocar más solística, aunque siempre tratando de conjuntar tu sonido con el de tus compañeros, en eso es igual que en la orquesta", comenta Ireland. Para Roper "es fundamental. Te acostumbras a escuchar, a compartir, a tocar como solista. Quizás es también un trabajo más democrático". Ella quiere seguir explorando no sólo el repertorio, sino el mundo del disco: "Ha sido un trabajo muy duro, pero es muy gratificante. Quiero más".

Los cuatro saltan como un resorte cuando se les cuestiona por el papel y las posibilidades de supervivencia de una orquesta sinfónica en una ciudad como Sevilla. Eluden la comparación con los grandes conjuntos internacionales, pues "en sólo 25 años es imposible crear una tradición como la que puede haber en Viena, Berlín o Londres", como comenta Dmitrienco, pero están convencidos no sólo de la viabilidad del proyecto, sino de su absoluta necesidad: "Es un atributo imprescindible de una ciudad civilizada", dice Roper. El convulso final de la etapa Halffter aún parece escocer dentro de la orquesta hispalense y los miembros del Emispherio optan por no hacer comentarios al respecto. Afirman, eso sí, sentirse ilusionados respecto al futuro, y Vladimir Dmitrienco cierra el tema de forma concluyente: "Da igual cuáles sean las circunstancias. Nosotros somos los mismos, y trataremos de hacerlo lo mejor que podamos siempre, en cualquier situación". De momento, los interesados en la música de cámara pueden comprobarlo sin necesidad siquiera de desplazarse hasta el teatro. Basta con hacerse con este disco, lo que está al alcance de cualquiera que tenga una conexión a internet.

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