No dejen flores en la tumba de Loos
El CAAC acoge la primera muestra individual que un museo dedica a la obra de José Miguel Pereñíguez El autor mantiene su interés en las referencias intelectuales filtradas por la ironía
En sus muestras anteriores en Birimbao o en Rafael Ortiz, José Miguel Pereñíguez (Sevilla, 1977) ya presentaba una obra dotada de una inesperada hondura, que articulaba su discurso desde referencias intelectuales -Friedrich Schiller o la arquitectura y la poesía grecolatinas entre ellas- y una voluntad reflexiva, aunque su producción escondía bajo esa aparente gravedad, como apunta el director del Centro Andaluz de Arte Contemporáneo (CAAC), Juan Antonio Álvarez Reyes, "una fina ironía". Lo otro. Una exposición de artes aplicadas, la primera individual que dedica un museo a este creador, que acoge el CAAC hasta febrero, prolonga esa senda abierta por el autor, que en esta ocasión se inspira en culturas ajenas, entre el exotismo y el refinamiento, para cavilar sobre la barbarie y la civilización a través de dibujos, esculturas y soportes diversos.
Fue la lectura de una obra tardía de Tolstoi, Hadjí Murat, el punto de partida de su nueva propuesta. La curiosidad de Pereñíguez se avivó cuando vio que en la narración había numerosos términos "para los que no existía un equivalente en castellano y que se dejaban sin traducir. Algunos se referían a objetos de uso, otros a personas de determinados estamentos de la sociedad", cuenta el artista, al que Luis Gordillo eligió para que recibiera la Beca Velázquez del Ministerio de Cultura. Pereñíguez empezó a reconstruir desde su perspectiva esos conceptos y encontró cierta iluminación para ello en los dibujos del alemán Theodor Horschelt, que "había retratado a algunos personajes que aparecen en el libro de Tolstoi, híbrido entre realidad y ficción". Los "precisos" retratos de Horschelt, que "resaltan lo pintoresco del tipo y la fisonomía de los personajes" desde "una estética academicista", le sugirieron versiones geométricas, que iniciaron a su vez otra serie de variantes. El autor descompone las figuras en polígonos regulares e irregulares, o busca simetrías en ellas, y de esa investigación surgen representaciones en vinilos y pizarras, sellos de estampación o rompecabezas de madera: ese juego de buscar equivalentes visuales a términos sin una traducción concreta se convierte gracias al oficio de Pereñíguez en un estudio de la geometría y la forma como vías de análisis y representación de la realidad.
Si la parte inspirada en Hadjí Murat dirige una mirada a una cultura remota para el imaginario occidental, el fragmento que completa Lo otro. Una exposición de artes aplicadas se aproxima a otro estadio de la civilización, a ese "momento inaugural" en el que artistas y diseñadores se alían con la industria, "se rompe esa concepción tradicional de una silla, y hay alguien que la diseña y alguien que realiza ese modelo, un periodo que no es tan conocido como la Bauhaus pero que es determinante", expone el artista. En esta etapa se centra la serie 3 máquinas en estilo moderno, en las que Pereñíguez se basa en el trabajo de los arquitectos Adolf Loos, Heinrich Tessenow y Peter Behrens. De Behrens (1868-1940) la muestra toma la identidad corporativa -entonces una propuesta pionera- que elaboró para la empresa AEG, y recupera uno de los logotipos que se hicieron entonces para construir unos cuantos dispositivos que permiten trazar manualmente o mediante estampación ese diseño.
Tessenow (1876-1950), defensor del papel tradicional de los oficios en un tiempo en que las artes aplicadas entraban en procesos de mecanización, está presente con la reinterpretación de dos diagramas que utilizó en sus textos teóricos: un polígono estrellado con el que el arquitecto simbolizaba "cómo nos va" frente a un círculo que representaría "cómo nos debería ir". Dos motivos que Pereñíguez muestra en diversas combinaciones en unos muebles para los que ha contado, como en otras piezas de esta serie, con la ayuda del carpintero y artista Alexis Amador.
Loos (1870-1933), el más célebre de los tres autores, se recuerda en el CAAC desde un humor soterrado. Pereñíguez recurre a una teoría del austriaco, obsesionado con "la fontanería como señal de civilización", que sostenía "que los únicos temas en los que la arquitectura podía ser arte eran las tumbas y los monumentos, lo demás se limitaba a la construcción". Bajo una letrina, el artista sevillano sitúa un molde con la forma de la estela funeraria de Loos: las deposiciones alojadas ahí, compactadas, se asemejarían a la tumba del arquitecto.
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