La distopía era esto
Orwell: 2+2=5 | Crítica
La ficha
*** 'Orwell: 2+2=5'. Documental, Francia, 2025, 119 min. Dirección y guion: Raoul Peck. Fotografía: Ben Bloodwell, Stuart Luck, Julian Schwanitz. Música: Alexei Aigui.
No puede ser más oportuno el estreno de este nuevo ensayo-documental de Raoul Peck, justo cuando se cruzan las bombas entre Israel, Irán y los países del entorno y cuando se vuelve a levantar un muro de desinformación y propaganda con los cadáveres civiles aún calientes.
Peck encuentra ahora en la vida y los textos del británico George Orwell (1903-1950), cuyos Animal Farm y 1984 han pasado a la historia como novelas parabólicas de un pasmoso visionarismo, la guía y la base moral perfectas para atravesar el (horror del) siglo XX y lo llevamos del XXI desde una perspectiva crítica y política, incluso con los excesos agit-prop y las simplificaciones didácticas de los que no escapa su formato.
Porque Orwell: 2+2=5 nos interpela con urgencia sobre los mecanismos de control del relato en las democracias tardocapitalistas. Donde la figura y la obra de James Baldwin le servía como médium para radiografiar las entrañas corrompidas del sueño americano en I Am Not Your Negro, aquí es Orwell quien hace de oráculo póstumo desde sus últimos días en la escocesa isla de Jura, no tanto para advertirnos sobre totalitarismos evidentes como para señalar las formas más sutiles y perversas en que una neolengua se ha instalado en nuestros parlamentos, medios de comunicación y algoritmos, donde la guerra es la paz, la esclavitud es la libertad, la verdad lo fake y la democracia el nuevo totalitarismo.
La arquitectura del filme abraza una dialéctica visual inquietante: las imágenes de archivo de la Guerra Civil española, los gulags soviéticos y los campos nazis dialogan con el presente mediante un montaje que rechaza la linealidad cronológica en favor de una temporalidad circular, donde pasado y presente se contaminan mutuamente con ayuda de fragmentos de películas (Bill Douglas, Ken Loach, pero también las distintas adaptaciones de 1984).
Entre el collage brechtiano y el vuelo ensayístico de Marker, construyendo un palimpsesto donde las palabras de Orwell, leídas con una cavernosa sobriedad dramática por Damien Lewis en la versión original, se superponen a imágenes de refugiados en Lesbos, crímenes en Myanmar, manifestantes en Hong Kong y las contradicciones y silencios de los tecno-oligarcas. La tesis es demoledora: no necesitamos pantallas cuando ya llevamos los dispositivos de vigilancia en el bolsillo.
Sin embargo, el documental tropieza ocasionalmente con su ambición totalizadora y su afán impugnador no siempre sutil. Y es que Orwell 2+2=5 tal vez funciona mejor como gesto político y llamada a la insurrección que como análisis complejo o tratado sociológico.
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