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El drama en Schumann

Harnoncourt registra para el sello de la Orquesta del Concertgebouw las schumannianas 'Escenas de Fausto'

Goethe en el famoso retrato de J. H. W. Tischbein.
Pablo J. Vayón

07 de noviembre 2009 - 05:00

Solistas. Orquesta Concertgebouw de Amsterdam. N. Harnoncourt RCO Live (2 CD) (Diverdi)

Robert Schumann (1810-1856) ha perdurado como uno de los grandes maestros románticos del piano y del lied y como un notable autor de obras camerísticas y sinfónicas (aunque los prejuicios que penden sobre estas últimas por sus supuestos errores de orquestación llegan hasta nuestros días), pero su prestigio como autor dramático no sobrepasa el convencimiento de un grupo de iluminados que, como Nikolaus Harnoncourt, lo tienen incluso en mayor estima que al mismísimo Wagner.

Lo cierto es que hablar de música dramática en Schumann es hacerlo de una serie de obras sinfónico-corales de no siempre fácil filiación genérica, entre las que los oratorios El Paraíso y la Peri y El peregrinaje de la rosa han conocido en los últimos años una apreciable difusión, ya que en puridad la única ópera escrita por el compositor fue Genoveva, estrenada en 1850, pues el intento de poner en música un libreto elaborado a partir de El Corsario de Byron (el mismo motivo de uno de los dramas menos lucidos de Verdi) no pasó de la composición de tres números aislados.

Pese a ello, Harnoncourt ha defendido en infinidad de ocasiones el valor musical y dramático de este repertorio (ha grabado dos veces Genoveva, la última presentada en formato DVD por Arthaus en 2008, y también El Paraíso y la Peri), llegando a afirmar que fue sólo la temprana muerte del compositor la que lo privó de alcanzar una madurez en el manejo de las situaciones teatrales que lo habrían hecho un imprescindible de la música dramática del siglo XIX. No es por ello raro que en el primer registro que el sello de la Orquesta del Concertgebouw de Amsterdam publica del que es desde 2000 su Director Invitado Honorífico se incluyan estas Escenas del Fausto de Goethe con las que Schumann rendía tributo a la fascinación que le provocaba la inmortal obra del poeta alemán.

La obra fue estrenada como unidad sólo de forma póstuma, pues las Escenas fueron en realidad escritas y presentadas entre 1844 y 1853 de forma independiente o por bloques, y aunque el compositor tuviera tal vez en mente la idea de un oratorio, lo que resultó de su labor es una composición fragmentaria, aun tramada por un tema cíclico, en la que domina argumentalmente el motivo de la redención y musicalmente una extraordinaria variedad que admite desde el aria de ópera al coro de naturaleza mística y en la que el concepto de drama tiene más que ver con la concepción filosófico-poética que Schumann compartía con Goethe que con el mundo del teatro.

Con el soberbio Coro de la Radio de Holanda, la Orquesta del Concertegbouw y un equipo de solistas que comanda el barítono Christian Gerhaher y entre los que también se cuentan Christiane Iven, Alastair Miles, Werner Güra, Franz-Josef Selig o Birgit Remmert, Harnoncourt dota a la obra de una arquitectura que ahonda en el sentido metafísico y omnicomprensivo de la partitura schumanniana y el pensamiento de Goethe.

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