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El duelo y los fantasmas

Manuel J. Lombardo

11 de mayo 2009 - 05:00

En la meándrica y prolífica carrera del Michael Winterbottom se alternan los títulos con voluntad de denuncia (Welcome to Sarajevo, En este mundo, Camino a Guantánamo, Un corazón invencible), los retratos urbanos y contemporáneos (Wonderland, 9 songs), los divertimentos autoconscientes (24 hour party people, Tristram Shandy) o las incursiones genéricas (El perdón, Código 46) con voluntad transnacional. A todos ellos ha aplicado el director una singular superficie realista (realismo blando hay quien llama a esta fórmula) y altas dosis de virtuosismo técnico que lo convierten en el paradigma del director posmoderno europeo por excelencia, que no así en un autor en el sentido estricto del término.

Génova parece querer marcar un nuevo sendero en su frenética carrera adentrándose en un territorio inédito en su cine. Se trata aquí de la disección íntima del duelo de un padre (Colin Firth) y sus dos hijas norteamericanas tras la muerte accidental de la madre a través del encuentro con una cultura ajena (Italia), encarnada en las laberínticas calles de la ciudad del título como evidente metáfora de la desorientación.

Fiel a su mirada distanciada, Winterbottom, también co-guionista ocasional, deja respirar a sus criaturas intentando invisibilizar la escritura dramática. Despliega así su estilo pseudocumental que observa y sigue al padre y a las hijas sin voluntad de perfilar psicologías o de juzgar actos y reacciones, mucho menos aún de sobrecargar sentimentalmente sus historias. Sin embargo, su opción por introducir un relato de fantasmas acaba por rebajar la intensidad y desviar la atención hacia un territorio lírico que no acaba de encontrar acomodo entre la superficie objetiva y directa de sus imágenes.

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