josé sanchis sinisterra

La escena como mecanismo de transformación social y cultural

La escena como mecanismo de transformación social y cultural La escena como mecanismo de transformación social y cultural

La escena como mecanismo de transformación social y cultural

En el imaginario popular, el dramaturgo y director escénico José Sanchis Sinisterra (Valencia, 1940) es más conocido por su obra ¡Ay, Carmela!, estrenada en 1987, llevada al cine poco después por Carlos Saura y convertida en título recurrente en el repertorio teatral español desde entonces. Sin embargo, si hubiera que escoger una pieza como la más representativa de la escritura del autor, no sería descabellado, ni mucho menos, optar por una mucho menos conocida: en Próspero sueña Julieta, publicada en 2010, Sanchis Sinisterra encierra a los personajes de Shakespeare en una esfera inequívocamente beckettiana, haciéndolos significar con una resonancia pasmosa y reveladora. Es tal vez en este texto donde con más claridad se percibe la vocación de explorador de nuestro hombre, quien concibe el escenario como un ecosistema no tanto en el que hacer sino en el que descubrir lo que ocurre. Próspero sueña Julieta es ante todo una historia de fantasmas, como lo es de hecho ¡Ay, Carmela!, relectura de nuevo a favor de Beckett (verdadera obsesión de Sanchis Sinisterra) de aquel Ñaque o de piojos y actores de 1980; pero es que el escenario no es más que un desfile de presencias, independientemente, incluso, de la obra que se pueda o se quiera representar en él. El autor valenciano escribe (explora) a la manera del médium, para que estas presencias se manifiesten. Pero éste no es, tampoco, el fin último de su quehacer teatral.

Y es que a estas alturas podemos afirmar que el teatro de Sanchis Sinisterra es un mecanismo de transformación social y cultural. Lo fue con su Terror y miseria en el primer franquismo de 1979, cuando se llevó a su terreno a Brecht; cuando fundó en Barcelona a finales de los 70 el Teatro Fronterizo que derivó en la Sala Beckett; y cuando treinta años después hizo lo propio con el Nuevo Teatro Fronterizo en Madrid, crisol de regeneración ciudadana y escénica. Rigurosamente, a Sanchis Sinisterra le habría bastado El lector por horas para pasar a la Historia. Y ya ven ustedes.

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