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En los orígenes del boxeo

La forja de un campeón | Crítica

Russell Crowe, en 'La forja de un campeón'. / D. S.

La ficha

*** 'La forja de un campeón'. Drama, Reino Unido, 2022, 111 min. Dirección: Daniel Graham. Guion: Matt Hookings. Música: Paul Saunderson. Fotografía: Ziryab Ben Brahem. Intérpretes: Russell Crowe, Ray Winstone, Matt Hookings, Marton Csokas, Jodhi May, Julian Glover, Steven Berkoff, Glen Fox, Lucy Martin.

En su novela Rodney Stone -desafortunadamente no muy conocida- Arthur Conan Doyle trazó un vibrante cuadro de los inicios del boxeo en Inglaterra, tema que también trató en sus relatos breves recopilados como Cuentos del ring. A estas atmósferas, cuando el boxeo unía a lo más bajo y lo más alto de la sociedad británica en peleas casi siempre clandestinas, se remite esta película que se centra en la biografía de un luchador mítico, James Belcher (1781-1811), nieto de otro mito, Jack Slack, apodado “el carnicero de Norwich” (1721-1768) tanto por su profesión como por su fiereza, que pasó a la historia por vencer a Jack Broughton (1704-1789), creador de las primeras reglas de este deporte cuando se luchaba a puños desnudos en medio de un círculo o anillo (ring) formado por los espectadores y apostadores.

Se trata pues de la prehistoria del boxeo si se considera que su historia oficial, legal y definitivamente reglada comienza con las famosas reglas del marqués de Queensberry en 1867. Un deporte capital en la historia del cine no tanto por sus hazañas o valores deportivos como por los turbios ambientes que muchas veces le ha rodeado y por las trágicas historias de muchos púgiles que han inspirado un puñado de grandes obras que no creo necesario mencionar.

Un tema fascinante al que el realizador australiano Daniel Graham no saca el jugo que potencialmente tiene. Un guión tópico -escrito por Matt Hookings, el actor protagonista- en su recurso a la fórmula ascenso, triunfo y caída. Una realización tan correcta como plana, sin apenas pulso dramático. Una buena ambientación muy potenciada por los claroscuros de la dirección fotográfica de Ben Braham Ziryab. Una contundente banda sonora de Paul Saunderson que logra buenos efectos (a veces hasta efectistas) jugando con la música celta, la electrónica y la percusión. Y solo momentos de auténtica fuerza en las pocas, pero poderosas, intervenciones de Russell Crowe y por supuesto en los combates. Qué menos.

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