FARAÓN. REY DE EGIPTO | EXPOSICIÓN Otra historia del Nilo en Caixafórum

  • 'Faraón. Rey de Egipto' desvela hasta el 12 de enero la faceta más humana de los monarcas y desmonta mitos gracias a 140 piezas del Museo Británico 

Ushebti azul del ajuar funerario del faraón Seti I junto a otro del faraón Rameses III. Ushebti azul del ajuar funerario del faraón Seti I junto a otro del faraón Rameses  III.

Ushebti azul del ajuar funerario del faraón Seti I junto a otro del faraón Rameses III. / Antonio Pizarro

Los faraones gobernaron Egipto durante tres mil años de historia y, sorprendentemente, en todo ese tiempo sus deberes permanecieron inmutables. Preservar el orden, el equilibrio y la justicia, ideal englobado en el concepto egipcio maat, era su misión más importante. Pero además, el monarca debía garantizar la estabilidad, proteger a su país de las amenazas extranjeras, favorecer las cosechas y complacer a los dioses. No siempre lo lograron; de hecho la historia del antiguo Egipto es pródiga en guerras civiles y tensiones, sufrieron dolorosas derrotas contra los ejércitos romano y nubio, y hasta la construcción de templos para honrar a las divinidades se hacía a menudo reutilizando monumentos ya existentes.

No obstante, los faraones fueron muy hábiles manejando su imagen y nuestra percepción de ellos sigue estando muy condicionada por el modo en que decidieron inmortalizarse. "Las imágenes emblemáticas que admiramos de los faraones son representaciones idealizadas de su perfección física", contextualiza Neal Spencer, conservador del departamento del Antiguo Egipto y Sudán del British Museum y comisario adjunto de la nueva exposición del Caixafórum Sevilla, Faraón. Rey de Egipto, ante la cabeza de limolita verde hallada en Tebas del faraón Tutmosis III (de 1479-1425 a.C.), de la Dinastía XVIII. Tiene los delicados rasgos por los que quiso inmortalizarse este monarca y lleva la corona blanca, símbolo del Alto Egipto y afirmación de su supremacía sobre esas tierras.

Para los egipcios de la antigüedad, su país era una nación compuesta por dos tierras, el valle del Nilo al sur (Alto Egipto) y la región del Delta al norte (Bajo Egipto), dos mitades que sólo podía unir la fuerza de su gobernante, sin lo cual reinaría el caos, por lo que el faraón era llamado "Señor de las Dos Tierras". En realidad, para administrar un territorio tan extenso se precisaba una enorme burocracia y el poder del faraón dependía en gran medida de los funcionarios, cuya fidelidad se aseguraba concediéndoles títulos, riqueza y tierras, como tendrá ocasión de comprobar el visitante de esta muestra.

La delicada estatuilla del dios Amón-Re en plata sobredorada. La delicada estatuilla del dios Amón-Re en plata sobredorada.

La delicada estatuilla del dios Amón-Re en plata sobredorada. / Antonio Pizarro

Porque la exposición, que podrá verse hasta el 12 de enero en Sevilla, desmonta no pocos mitos a la par que revela la faceta más humana de los faraones y explora cómo se construyó la naturaleza divina de la monarquía egipcia. Y lo hace a través de las ricas colecciones del Museo Británico, con el que la Fundación La Caixa mantiene un importante convenio de colaboración para la difusión de sus fondos sobre grandes culturas del pasado. En Sevilla ya pudo verse otro fruto de este acuerdo, La competición en la antigua Grecia. En esta ocasión son 140 piezas de la colección del British Museum -"la que ofrece una imagen global más completa del antiguo Egipto", según Spencer- las que rastrean la fascinación por un imperio que se extendió desde el 3.000 a.C. aproximadamente hasta la conquista romana en el 30 a.C..

Estatua de un prisionero (Dinastía VI, c. 2345-2181 a.C.). Estatua de un prisionero (Dinastía VI, c. 2345-2181 a.C.).

Estatua de un prisionero (Dinastía VI, c. 2345-2181 a.C.). / Antonio Pizarro

Con la experta del departamento de Antiguo Egipto y Sudán del British Museum Marie Vandenbeusch como comisaria jefe, que hoy pronunciará la conferencia inaugural -a las 19:00 con entrada libre en el auditorio de Caixafórum-, la exposición ha sido disfrutada ya por medio millón de personas en sus anteriores sedes de Barcelona, Madrid y Gerona. Sin duda, será uno de los hitos del otoño expositivo andaluz y una de las apuestas más ambiciosas de Caixafórum Sevilla esta temporada, como recordó su director, Moisés Roiz. Para profundizar aún más en sus contenidos se ha diseñado el ciclo de conferencias Historias del Nilo, que impartirá el egiptólogo David Rull todos los martes del mes de noviembre.

Dividida en nueve secciones que incluyen delicados trabajos de orfebrería, estatuas monumentales y relieves de templos, Faraón. Rey de Egipto desvela las historias que encierran los objetos que esta civilización ha dejado en herencia y desentraña sus símbolos e idearios.

Cabeza del faraón Mentuhotep II. Cabeza del faraón Mentuhotep II.

Cabeza del faraón Mentuhotep II. / Antonio Pizarro

Para el director del área de Cultura de la Fundación Bancaria La Caixa, Ignasi Miró, "la pervivencia durante treinta siglos de esta cultura, hasta su caída fruto de la dominación romana, sólo puede entenderse atendiendo a la figura icónica del faraón, a su poder político, religioso, judicial, económico y diplomático, a su condición de gerente del orden cósmico, administrador de una potencia y, por si fuera poco, líder de los eventos socioculturales".

Pero, como ya se ha avanzado, tras la representación idealizada que los faraones proyectaron se escondía una realidad mucho más compleja. "Por ejemplo, no todos los gobernantes del país fueron hombres, ni tampoco egipcios, como ocurrió con el rey macedonio Alejandro Magno, del que aquí puede verse una delicada cabeza de mármol procedente del templo de Afrodita en Libia", continúa Miró.

La exposición arranca mostrando el rostro de tres faraones que impresionan por su seriedad y, prosigue Ignasi Miró, "examina la figura del monarca egipcio desde todos los puntos de vista: como ser divino, situado en el centro de la estructura social, a cuyo alrededor se articulan símbolos y creencias que van más allá de la existencia terrenal; en su vida de palacio, rodeado por su familia; como gobernante y como guerrero, e incluso pone de relieve que el origen de los faraones no fue siempre egipcio".

Papiros en una de las nueve secciones del recorrido expositivo. Papiros en una de las nueve secciones del recorrido expositivo.

Papiros en una de las nueve secciones del recorrido expositivo. / Antonio Pizarro

Estatuas monumentales, relieves en piedra de antiguos templos, papiros, joyas y objetos rituales forman parte de estos contenidos, de los cuales el comisario adjunto destacó otras piezas únicas, como la figura del dios halcón Re-Horakhty protegiendo el nombre del faraón Rameses II y las losetas del palacio de éste, o la delicada estatuilla del dios Amón-Re en plata sobredorada, donde se lo representa con forma humana, barbado y con un tocado dorado compuesto por plumas y un disco solar. "Son pocas las estatuas fabricadas en metales preciosos, como la plata y el oro, que nos han llegado del antiguo Egipto porque se fundían con frecuencia para reaprovechar el metal. La de Amón-Re es excepcional", añadió Spencer.

La exposición también presenta objetos menos habituales: las incrustaciones de colores que se usaron para decorar el palacio del monarca; el arco de madera de uno de los comandantes militares del faraón; un papiro que deja constancia de un juicio por robar en un templo, o las imágenes de gobernantes nubios, griegos y romanos que actuaron como faraones. "Los reyes grecomacedonios y los emperadores romanos construyeron grandes templos consagrados a los dioses egipcios, en los que se representaron ellos mismos como faraones tradicionales. Sin embargo, en sus países de origen, estos gobernantes seguían adorando a sus propios dioses y rara vez eran representados como faraones", explica Spencer mientras señala la cabeza en piedra caliza de un faraón ptolemaico que ha adoptado con su propio estilo el nemes (tocado) y el ureo (cobra erguida) en la frente, símbolos de la realeza egipcia desde las primeras dinastías.

Muy sugerentes son las misivas grabadas en escritura cuneiforme sobre tablillas de arcilla que dan fe de la intensa actividad diplomática entre Egipto y Babilonia durante la XVIII Dinastía. En una de ellas el rey babilonio Burnaburiash se queja al faraón Akhenaton porque la cantidad y calidad de los regalos que ha recibido son comparativamente muy inferiores a los que él había mandado a Egipto.

Moisés Roiz, Neal Spencer e Ignasi Miró ante la figura de un babuino en cuclillas. Moisés Roiz, Neal Spencer e Ignasi Miró ante la figura de un babuino en cuclillas.

Moisés Roiz, Neal Spencer e Ignasi Miró ante la figura de un babuino en cuclillas. / Antonio Pizarro

A Neal Spencer le interesa mucho la última sección, Una vida eterna: la muerte del faraón, que ilustra cómo los faraones dedicaban parte de su vida a preparar su deceso. "Desde muy pronto empezaban a construir sus tumbas. Algunas de ellas, con los años, fueron saqueadas por otros gobernantes para reciclar objetos", recuerda. En Caixafórum Sevilla puede verse un fragmento de la tapa del sarcófago del faraón Rameses VI y bajo ella descansan en sus correspondientes vitrinas varios shabtis -también conocidos como ushebtis-, estatuillas funerarias que representaban a los asistentes del faraón, de modo que los monarcas pudieran pasar cómodamente la eternidad porque los shabtis trabajarían para ellos. Sobresale un ushebti fabricado en fayenza azul, un material vidriado parecido a la cerámica, que se encontró en el Valle de los Reyes, en la tumba del faraón Seti I. Lleva una azada en cada mano y una bolsa en la espalda, probablemente de grano, y es un ejemplo delicioso esos ejércitos de trabajadores mágicos que realizaban las tareas agrícolas en el Más Allá. "En la tumba de Seti I los hubo probablemente a centenares y el British conserva varias decenas de ellos. En general, esta muestra incluye piezas que he podido admirar mejor aquí que en la colección permanente del Museo Británico o en los almacenes. Y su enfoque me parece muy excitante porque se habla de corrupción, desamor, intriga, codicia", profundiza Spencer.

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