"Ante lo irrepetible, sólo es sensato intentar contarlo todo"
El autor publica 'Las auroras de sangre', un ensayo sobre las 'Elegías' de Juan de Castellanos, una 'crónica total' de Indias y el poema más extenso en español
¿Hay mayor epopeya que la de desentrañar otro mundo? Mientras los demás "codiciaban y guerreaban", Juan de Castellanos "oía y miraba" en América, donde la vida era nueva, pletórica y violenta. Soldado, buscador de oro -aventurero en general- y finalmente clérigo, Castellanos, nacido en 1522 en la localidad sevillana de Alanís, escribió durante 30 años Las elegías de varones ilustres de Indias, el poema más extenso en español (113.609 versos), una especie de Ilíada equinoccial despreciada durante siglos y rescatada ahora por el poeta, novelista y ensayista colombiano William Ospina, uno de los escritores americanos actuales más interesantes, que en Las auroras de sangre (Belacqua) defiende esa obra como el "poema fundador de la cosmogonía" americana.
Subtitulado Juan de Castellanos y el descubrimiento poético de América, el libro es una aproximación a las Elegías desde la sensibilidad contemporánea, pero también el relato novelesco de la vida de un hombre excepcional que cruzó en 1539 el Atlántico para dejar atrás una España aturdida aún por la magnitud del hallazgo al otro lado; una réplica a los presupuestos de la crítica literaria, a veces extraños, casi siempre caprichosos; y una envolvente reflexión sobre la naturaleza del lenguaje a partir de la idea borgiana -que parece hecha a medida de Castellanos- de que nombrar es lo mismo que crear.
La "penumbra" a la que fue relegado el poema se debe, paradójicamente, a su "minuciosidad". "En su afán de pegarse a los hechos se veía falta de poesía, y en su voluntad de embellecer los historiadores veían falta de rigor. La crítica no entendió que usara palabras autóctonas, ni que llamara por nombre propio a todos los indígenas que aparecen; como si afease la sonoridad de la lengua y malograra su espíritu imperial. Esos prejuicios duraron hasta la segunda mitad del siglo XIX. Era además poco rebuscado. Pero la belleza no tiene que ser lo bonito, lo ornamental; es algo mucho más profundo, mucho más arraigado en la Historia. Cuando leí las Elegías, después de la sorpresa, comprendí que Castellanos tuvo una visión superior a la de los hombres de su tiempo, que tuvo un espíritu digno del Renacimiento y que inició el mestizaje de la lengua española con la del mundo americano".
A Ospina le fascinó que alguien que estaba "peleando con tigres y negociando con perlas" fuera capaz de hacer un poema en endecasílabos y octavas reales y de "incorporar los nuevos recursos de la poesía de su tiempo", en una época en la que los conquistadores "arrasaban las poblaciones y ni siquiera se daban cuenta del mundo que estaban pisando". "Obsesionado por guardar el recuerdo de todo lo que estaba viendo para las generaciones del futuro", Castellanos elaboró un tapiz "casi infinito" que no sólo daba testimonio, sino que "celebraba ese mundo distinto". "Cada episodio que cuenta -dice Ospina- es digno de una novela: las enfermedades, las tormentas, la aparición de los primeros piratas franceses e ingleses en el Amazonas, las caravanas de hombres muertos de hambre arrastrando fardos de oro por el desierto... Los historiadores modernos nos dicen que aquello era tan asombroso y tan irrepetible que sólo era sensato el que quería contarlo todo".
Para Ospina, que se rebela contra la visión que sólo ve "saqueo y depredación" en la "aventura española en América", este caso es "una muestra necesaria y muy elocuente" que refuta cierta demagogia indigenista. "El encuentro del alma española con América estuvo lleno de curiosidad, de lucidez, de afán de entendimiento", dice Ospina, que también critica la "veneración excesiva" de su país a las huellas europeas.
Ospina es autor de Ursúa, la primera novela de una trilogía sobre "los viajes europeos por el Amazonas en la época de la Conquista", un proyecto que surgió a raíz de Las auroras de sangre, publicado en Colombia en 1999 y que continuará con El país de la canela y La serpiente sin ojos, ambos en preparación. "En América las naciones son muy recientes y creen que han sido fundadas sobre todo para el porvenir. Pero el futuro alcanza hacia adelante tanto como alcanza la mirada hacia atrás", dice sobre su interés en esta época histórica.
No hay comentarios