Cultura

Siete miradas a la Colección Bellver

  • La muestra de pintura del Bellas Artes completa el discurso que ofrece el Prado sobre el siglo XIX · "Es la mejor colección de pintura de esta época de toda España", dice Ignacio Cano, conservador jefe deI museo

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No fue hasta octubre de 2009 cuando se inauguraron 12 nuevas salas en el Museo del Prado destinadas a albergar 200 lienzos del siglo XIX, una ampliación aquella que permitió la incorporación al discurso de la pinacoteca de obras cuyos artistas situaban al visitante a las puertas del siglo XX. De este modo, la exposición con cuadros de esta época procedentes de los fondos de la Colección Bellver "redobla su interés en el panorama nacional, porque gracias a ellos se puede explicar la historia de la pintura sevillana y andaluza del XIX". Es uno de los atractivos que destaca Ignacio Cano, conservador jefe del museo sevillano y responsable del discurso expositivo de la muestra Imágenes y mitos en la pintura andaluza, que reúne 171 piezas de la que, a su juicio, es "la mejor colección de pintura del siglo XIX de toda España", conformada por más de 300 obras.

La muestra que protagoniza la temporada en el Bellas Artes hasta el próximo 29 de mayo se articula en torno a siete ámbitos que explican rasgos esenciales de la evolución de la pintura hispalense en el ochocientos y distribuidos de tal forma que se asemeja al medio habitual donde se encuentran -el domicilio del matrimonio Bellver-, que es el mismo tipo de ámbito privado para el que fueron creadas.

El primero de estos ámbitos se titula Pintores y viajeros y supone un reflejo de la fascinación con la que los extranjeros que visitaron Andalucía desde 1830 contemplaban las tradiciones, los personajes populares y los rincones del Sur. Pintores fundamentalmente ingleses y franceses -Blanchard, Robert Kemm y Jules Worms- plasmaron en sus lienzos un mundo de bandoleros y majas que consolidarían las claves del romanticismo sevillano y de la visión de lo español. En este apartado destaca el lienzo Festejo en la Puerta de Carmona, del francés Henri Pierre P. Blanchard, que Bellver adquirió en la subasta de 2009 de Arte, Información y Gestión de Cajasol.

Bajo el título Costumbrismo romántico, el visitante se adentra en el segundo tercio del siglo XIX donde sobresalen autores locales como los Domínguez Bécquer o Cabral Bejarano, que continúan la temática que ha quedado en el imaginario colectivo como el distintivo del romanticisimo andaluz. Escenas de cante y baile, tabernas, romerías y tipos populares protagonizan estas pinturas que exaltaban el papel del pueblo.

La tercera mirada sobre las pinturas del coleccionista Mariano Bellver llega hasta Italia. La promulgación en 1857 de la ley de Reforma de Instrucción Pública, por la que se estableció una Escuela de Bellas Artes para los estudios superiores de pintura, escultura y grabado, promovió un cambio en la calidad de la pintura que se producía en Sevilla, que hasta entonces se desarrollaba en el ámbito familiar. La profesionalización del arte y la existencia de becas favoreció que artistas como José Villegas, José Jiménez Aranda o Senet, se trasladaran a estudiar a Italia. Sus estilos, técnicas y temas experimentan un profundo cambio para equipararse a la interpretación de las corrientes internacionales. En estos años, recuerda Ignacio Cano en el catálogo, "el ideal romántico promueve la pintura de paisaje" y "se consolida el formato pequeño" que favorece la comercialización de la obra.

El cuarto ámbito, La huella de los maestros, refleja el peso de la tradición de la pintura barroca, especialmente Murillo, en la producción de la época. En esta estancia se pueden contemplar copias de Santa Justa y Santa Rufina, de Jesús Niño o de Santo Tomás dando limosna, de José de la Vega, así como estampas protagonizadas por pícaros y desarrapados que hicieron tan universal la obra murillesca.

El quinto apartado de la muestra da paso a obras en la que pervive el costumbrismo romántico. Son ejemplos de este apego a estos temas las pinturas de Rico Cejudo o García Ramos describen con detalle interiores, escenas y personajes con evidente afán narrativo pero perfeccionados desde el punto de vista técnico.

Las vistas de la capital hispalense y sus alrededores caracterizaron la escuela sevillana del siglo XIX que protagoniza la sexta sección de la muestra. La escuela de Alcalá dejó constancia de la importancia del paisaje a través de la obra de autores como Sánchez Perrier, García Rodríguez o Pinelo, que dejaron numerosos ejemplos de las riberas del río, los rincones de la ciudad y la estancia estival en la costa gaditana.

Cuadros de Gonzalo de Bilbao y López Cabrera cierran, en el ámbito titulado Hacia una nueva sensibilidad, este paseo por la pintura sevillana del XIX y principios del XX. "Es tan pesado el legado del costumbrismo -dice Ignacio Cano- que pintores con técnicas impresionistas [ágil pincelada, descomposición cromática, gradación lumínica] siguen cultivando los mismos temas". Es lo que llama "la frustración de la modernidad".

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