Carlos Navarro Antolín
Ese ratito diario del cura del Porvenir
Blanca Li. Bailarina, coreógrafa y cineasta
Entiende el arte como una forma de estar en el mundo, la danza no es su trabajo, no hay horarios ni limitaciones para una pasión, bailar, crear, dirigir, sentir. En cualquier escenario, en cualquier circunstancia, desde una Granada que la vio crecer, hasta una Nueva York que acogió a la adolescente cargada con maletas de talento. Y consiguió convencer al público, demostrar que no hay compartimentos estancos sobre las tablas, clásico, contemporáneo, innovador, fusión, las etiquetas no se hicieron para Blanca Li. Madre, mujer, artista, ciudadana de allí donde sienta su hogar, acaba de saber que ha sido elegida para recibir la medalla de honor de la Fundación Rodriguez- Acosta.
-Recibió hace unos meses la Legión de Honor de Francia, donde ya es desde 2007 Oficial de la Orden de las Artes y las Letras. ¿Qué valor le da a la Medalla de la Fundación Rodríguez-Acosta?
-Me siento muy feliz y muy honorada de recibir esta Medalla de Honor que han recibido antes que yo grandes personalidades, representa mucho para mí y todo lo que viene de Granada me toca de manera especial.
-A los 17 años dejó Granada con destino a Nueva York y desde 1992 vive en Francia. ¿Qué cordón umbilical le une al sur?
-Mi familia maravillosa, que siempre me apoya, y los recuerdos de infancia. Una gran parte de mí es esa niña que creció en una de las ciudades más bonitas del mundo, eso siempre te acompaña.
-Acaba de celebrarse el Día de la Mujer. Durante la grabación de 'Morente sueña la Alhambra', rodando en el Generalife, usted acunaba a su bebé en los descansos. ¿Cómo se puede conciliar una profesión tan exigente como la danza con la maternidad y la familia?
-Un día tuve la necesidad de ser madre y, como todas las mujeres de mi generación, reflexioné sobre cómo iba a afectar la maternidad a mi vida profesional. El instinto maternal fue más fuerte que la reflexión cerebral y me convertí en madre. Ahora tengo dos hijos que me acompañan y comparten todas mis aventuras. Ellos son conscientes de tener una madre diferente pero me respetan y me animan a seguir, les gusta mi trabajo. Ni mis hijos ni el hombre que comparte mi vida me juzgan ni me reprochan nada, creo que ese es el verdadero secreto para no dejar nada en el camino, vives tu vida profesional y tu vida familiar y disfrutas al máximo de las dos y a la vez tu familia disfruta contigo. Tener hijos no me ha quitado nada, al contrario, me ha dado mucho.
-Cuando recibió la Legión de Honor de Francia afirmó estar en un momento "muy feminista" y se mostró "cansada" de un mundo en el que prima lo masculino. A su juicio, ¿cuáles son los valores de las mujeres que hay que defender?
-Yo crecí en un contexto de igualdad. Mi madre nos inculcó ese sentido con naturalidad, para mí ser mujer era lo mismo que ser hombre, no pensaba que había diferencia. Poco a poco cuando fui entrando en la vida profesional me di cuenta de que en el mundo real las mujeres no tienen el mismo lugar que los hombres, hay mucho trabajo por hacer, primero en las propias mujeres, pero también en los hombres, ellos nos deben de ayudar a defender esa igualdad. Afortunadamente hoy hay muchos hombres que nos respetan pero todavía quedan muchos que no entienden ni aceptan a la mujer en la cultura contemporánea.
-Repasando su biografía, resulta curioso saber que fue miembro del equipo español de gimnasia. ¿Le debe a esta etapa la disciplina prusiana en el trabajo?
-Sí, claro, aprendí lo que es la disciplina y la voluntad de trabajo, nunca me canso y siempre quiero llegar más lejos. No estoy satisfecha hasta que algo está bien acabado, no me gustan las cosas a medias y para eso estoy dispuesta a trabajar sin contar las horas, bueno, la pasión ayuda mucho. Me cuesta mucho entender a los artistas que viven el arte como un trabajo de nueve a cinco, es algo que siempre me ha chocado.
-¿Cómo fue el choque cultural de pasar de una ciudad de provincias como Granada en los años 80 al barrio de Harlem en Nueva York cuando se estaba gestando todo el movimiento del hip-hop? ¿Se adaptó rápidamente o le costó quitarse la boina mental?
-Yo tenía 17 años y a esa edad todavía no tienes boina, eres libre y te adaptas superrápido. New York se convirtió en mi casa y aun hoy sigue siendo una ciudad en la que me siento en mi salsa.
-Tiene tres largometrajes como directora, una experiencia audiovisual que quedó patente en el 'Poeta en Nueva York' que estrenó en el Generalife de Granada. Además, su hermana Chus Gutiérrez pasa por ser una de las grandes directoras de este país. ¿Qué ambiente cultural se respiraba en su casa para que ambas sean mujeres con tantas inquietudes? ¿La Granada de los años 70 era una ciudad propicia para las vocaciones artísticas?
-Lo que fue propicio para las vocaciones artísticas fue mi familia granadina, había mucho arte, unos cantaban, otros recitaban poemas o contaban chistes, bailábamos, hacíamos obras de teatro, nuestras tías nos hacían los disfraces, inventábamos canciones... También mi hermano Tao Gutiérrez es músico, él hace las músicas de casi todos mis proyectos y los de Chus. En familia aprendimos a crear para entretenernos, lo pasábamos genial y esto se convirtió en una tradición que sigue ahora. Con los hijos y sobrinos seguimos montando shows en las fiestas familiares; es genial, ya tenemos otros cuatro artistas en la nueva generación que nos ayudan con los shows familiares, un guionista, dos músicos y una actriz.
-Como creadora, ¿qué es la vanguardia en el año 2016?
-Las nuevas tecnologías son el futuro y cada vez más artistas se impregnan de estas nuevas tecnologías para crear.
-Ha rodado vídeos musicales con Blur o con el mismísimo Paul McCartney. ¿Cómo fue su experiencia con el ex beatle? ¿Es mitómana?
-Paul Mc Cartney es un artista increíble que sigue reinventándose y trabajando sin parar. Me encanta trabajar con grandes artistas, siempre aprendo algo.
-Por último, ¿qué escenario le sigue impresionando más y en cuál se siente más a gusto?
-Me siento bien en cualquier escenario, todos me gustan.
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