Mujeres del Romanticismo
Condenadas al olvido | Crítica
Fórcola publica Condenadas al olvido, de Virginia López Domínguez, un prontuario de escritoras románticas donde se subraya el carácter revolucionario de dicho movimiento
La ficha
Condenadas al olvido. Virginia López Domínguez. Fórcola. Madrid, 2026. 220 págs. 22,50 €
En Condenadas al olvido, de la ensayista Virginia López Domínguez, se asiste a una doble reclamación que atañe no solo al papel de la mujer en la cultura del XIX, sino a la propia naturaleza del movimiento romántico en que, sumariamente, se insertaron. Si, por un lado, este “Breviario de escritoras del Romanticismo” acopia, a la manera de Aubrey, los nombres y las vidas de veinte mujeres prominentes, que tuvieron una desigual relevancia en su siglo: desde la enorme importancia que adquirió madame de Staël gracias, por ejemplo, a su Alemania, a la vida casi secreta en la que vivió Emily Dickinson, ya en la segunda mitad del XIX; si por un lado, digo, nos encontramos con una selección de escritoras románticas, ceñida al ámbito germano y anglosajón, por el otro nos hallamos con una vindicación del movimiento romántico en su carácter revolucionario. Pero no solo en los términos políticos que se extraen de Rousseau a Constant, del nacionalismo de Fichte al temprano feminismo de Mary Wollstonecraft, madre de Mary Shelley, sino en la perdurable revolución de las costumbres que se obrará en el interior domiciliario, gracias a la abundante lectura que permitieron las bibliotecas particulares del XVIII y el XIX.
La revolución femenina del Romanticismo no se ciñe a un acceso a la cultura libresca presente en el hogar paterno
Ello implica, según advierte su autora en las páginas iniciales, que la casi totalidad de estas autoras pertenecían a familias acomodadas. En cualquier caso, esta revolución “doméstica” no se ceñirá a un libre acceso a la cultura libresca, musical, pictórica, etc., presente en el hogar paterno. Un acceso, por otra parte, de carácter privado, dada la restricción universitaria del alumnado femenino. Los cambios que aquí se recogen, y que afectan en profundidad a la textura de la sociedad, son aquellos que atañen a una libre disposición de los sentimientos, y que conciernen tanto a la concepción de matrimonio “por amor” -y no por conveniencia, mucho más común entonces-; como a la propia flexibilización del vínculo matrimonial, creándose uniones de carácter abierto y de naturaleza privada. El ejemplo muy conocido de la propia Mary Shelley no es, en tal sentido, una excepción. A ello debe añadirse otra peculiaridad, cual fue la formación de parejas en las que el individuo masculino era notoriamente más joven, y en las que, por tanto, el lazo utilitario de la reproducción se veía difuminado entre otros intereses más amplios, románticos en su sentido último.
Uno de los aspectos destacados por López Dominguez, y que se deducen con facilidad de lo dicho, es la usual circunscripción de la obra femenina a la intimidad familiar, en dos sentidos muy concretos: aquel que inclinaba a los hombres a firmar como suyas la obra de sus parejas; o aquel otro que invitaba a la mujer a escribir bajo pseudónimo. Madame de Staël, en La literatura y su relación con la sociedad, obra publicada en 1800, ofrece alguna de las razones de esta apropiación u ocultamiento de la prominencia femenina. Escribe Staël que en el Antiguo Régimen se “permitía a las mujeres sacrificar las ocupaciones que se suponían propias de su sexo a los gustos del mundo y a su diversión, pero se las acusaba de pedantería si se entregaban a una actividad más seria”. Paradójicamente, sin embargo, “después de la revolución los hombres han decidido que era política y moralmente útil reducir a las mujeres a la mediocridad más absurda”. Entre esas mujeres nunca se encontró madame de Staël, cuyo padre era el banquero suizo Necker. Donde sí destacará, con la relevancia adecuada, es en otro fruto de la domesticidad ya dicha; un fruto de carácter favorable y de suma importancia en la cultura europea del Setecientos y el Ochocientos: los salones que regentaron, de modo principal, brillantes figuras femeninas, algunas de las cuales vienen recogidas en estas páginas. ¿Quiénes son aquellas mujeres -poetas, traductoras, críticas, novelistas, etc.-, reunidas para este Breviario? Las hermanas Mendelsssonh, Rahel Levin, Sophie Tieck, Caroline Michaelis, Caroline Dacheröder, Sophie Schubart, Betina Brenano, madame de Staël, Mary Wollstonecraft, Ann Radcliffe, Mary Shelley, Jane Austen, las hermanas Brontë, Elizabeth Barret, George Sand, Luisa May Alcott y Emily Dickinson. Dado el carácter compendiario de la publicación, se echan a faltar algunas representantes de distintos ámbitos europeos, y principalmente, del romanticismo hispánico, como Bohl de Faber, Gertrudis Gómez de Avellaneda, Rosalía de Castro, la franco-peruana Flora Tristán, Carolina Coronado, Concepción Arenal, Juana de Vega, etcétera. Su inclusión permitiría mostrar, de modo inequívoco, el verdadero alcance del Romanticismo; esto es, su viva repercusión y su linaje occidental.
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