Amor al primer acorde
Orquesta Barroca de Sevilla | Crítica
La ficha
ORQUESTA BARROCA DE SEVILLA
****
Temporada de la OBS. Concierto III. OBS. Concertino-directora: Martyna Pastuszka.
Programa: Symphonies royales
Michael Haydn (c.1737-1806): Sinfonía nº25 en sol mayor St 334 / P 16 [1783; versión con introducción de W. A. Mozart]
Joseph Haydn (1732-1809): Sinfonía nº53 en re mayor Hob.I:53 L’Impériale [c.1778-79; versión B]
Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791): Sinfonía nº5 en si bemol mayor KV 22 [1765]
Joseph Haydn : Sinfonía nº85 en si bemol mayor Hob.I:85 La Reine [c.1785]
Lugar: Espacio Turina. Fecha: Viernes, 20 de febrero. Aforo: Tres cuartos de entrada.
El primer acorde de un concierto de la Orquesta Barroca de Sevilla es importante. Suele presagiar lo que vendrá. Esta vez el empaste fue el de los grandes días: un sonido compacto, enérgico, pero a la vez profundo; es decir, en absoluto plano ni uniforme, sino con relieve, con capas, con el bajo rotundo, pero las violas audibles, haciendo notar su presencia en la textura. Ese primer acorde fue mozartiano, aunque pegado a una sinfonía del menor de los Haydn, Michael. La segunda parte del concierto también empezó con Mozart, aunque ahora con un Mozart de solo 9 años, una sinfonía que es un prodigio, con un Andante central que arranca sutil con el cuarteto de cuerda y luego se expande a los vientos de manera deliciosa. El final es de una teatralidad aún por refinar, pero que apunta ya al futuro de la ópera italiana, al que tanto aportó Wolfgang.
La Sinfonía nº25 de Michael Haydn (algún tiempo considerada la nº37 de Mozart, a causa de esa introducción lenta que le añadió para un concierto en Linz en el otoño de 1783) y la nº5, la infantil, del salzburgués fueron complemento de dos grandes obras del mayor de los Haydn, Joseph, uno de los compositores que mejor han definido desde antiguo el sonido de la OBS. La polaca Martyna Pastuszka había mostrado cierta irregularidad en sus anteriores presentaciones con el conjunto, con noches espléndidas y otras no tan ajustadas. Esta vez tocó la de cal. Enfocó su trabajo desde el vigor, la energía, las líneas perfectamente articuladas, como en la OBS de los viejos tiempos, pero eso no supuso pérdida de la flexibilidad, y los dos movimientos haydnianos lentos, ambos en forma de variaciones, fueron un ejemplo preclaro de esa plasticidad del fraseo, nunca cortante ni rectilíneo.
Tampoco se olvidó de los detalles, que los hubo de todo tipo, como el énfasis sobre el carácter rústico del Trío del minueto de la Sinfonía nº85, que es un ländler (maravilloso el fagot de Alberto Grazzi), o la entrada por sorpresa de la flauta en el Andante de la obra de Michael, sutilmente destacada. En general, la presencia de Rafael Ruibérriz de Torres con la travesera fue en todo momento un lujo: su intervención en el Trío del Minueto de la Sinfonía nº53 o la variación que su instrumento tiene asignada en el Romance de la nº85 se contaron entre los momentos más distinguidos de la noche. Trompas y oboes no desentonaron en ningún momento, con un Pedro Castro espléndido en la presentación del segundo tema del movimiento inicial de esa misma sinfonía, la que cerró la velada. Interesante también la concepción del bajo continuo (tan polémica siempre en Haydn, sobre todo, en sus sinfonías más avanzadas): en la sinfonía más tardía (La reina) sin el clave. A destacar igualmente esos brillantísimos, eléctricos finales de todas las piezas, dentro de versiones de alto contraste; y todo ello pareció estar ya contenido, anunciado, en el impactante, poliédrico, proteico primer acorde.
También te puede interesar
Lo último