Nuevo ministro de Cultura Maxim Huerta

La pesada cartera que hereda Màxim

  • La Ley de Mecenazgo, el IVA del cine, el Estatuto del Artista, la crisis del Inaem, el deterioro del Patrimonio Histórico y la reforma de los museos estatales aguardan al flamante ministro escritor

Méndez de Vigo traspasa los poderes a Màxim Huerta Méndez de Vigo traspasa los poderes a Màxim Huerta

Méndez de Vigo traspasa los poderes a Màxim Huerta / Rodrigo Jiménez

El 21 de mayo el entonces secretario de Estado de Cultura, Fernando Benzo, visitaba Sevilla en una jornada frenética donde le recibieron, entre otros muchos cargos públicos, los directores del Archivo de Indias y de los museos Arqueológico y de Bellas Artes, así como el delegado municipal de Cultura, Antonio Muñoz. Cada uno de ellos tenía, además de una sonrisa de bienvenida, una reivindicación. El representante del Gobierno de Mariano Rajoy aclaró que antes de que terminara la legislatura desbloquearía al menos la reforma del Arqueológico, uno de los maltratados museos estatales cuyas salas se han cerrado en repetidas ocasiones por el pésimo estado del edificio. Esa misma semana, en Madrid, arreciaban las protestas de los equipos del Inaem que se oponían a la fusión del Teatro de la Zarzuela y el Teatro Real aprobada por el Consejo de Ministros –Comisiones Obreras ha pedido ya que se declare nulo el real decreto– y se movilizaban los restauradores en defensa del Patrimonio Histórico. Son sólo algunos de los temas que hereda con la cartera de Iñigo Méndez de Vigo el nuevo titular de Cultura y Deporte Màxim Huerta, que ayer recalcó su “orgullo” por que se recupere este ministerio y se desligue de Educación.

El sector de la cultura, que añoraba un departamento propio para un área muy laminada en los últimos años (para este año están previstos 569 millones de presupuesto), pasó de la euforia a la sorpresa a lo largo de la tarde del miércoles conforme el presidente Pedro Sánchez comunicaba al Rey el único miembro de su gobierno que no se había filtrado a la prensa: el del periodista, escritor y Premio Primavera de Novela al que adoran por igual la reina de las mañanas televisivas Ana Rosa Quintana y la saga de periodistas que componen Ignacio Escolar –que trabajó con él en Informativos Telecinco– y el padre de éste, Arsenio Escolar, que lo fichó hace dos años como columnista de 20 Minutos. Y, por supuesto, los autores del Grupo Planeta. Todos celebran la educación, sensibilidad y buen talante de un escritor que hace furor en los clubes de lectura y que tiene como referente a la recordada Ana María Matute.

Huerta encajó con humor y deportividad –el otro área a su cargo– todos los comentarios malévolos con que las redes sociales recibieron el glamouroso fichaje de quien no tiene experiencia en gestión ni fue el primer nombre –ni el segundo– al que se le ofreció el cargo.

Más allá del cariño familiar y de su círculo de amigos, entre los que sobresalen muchos actores de la factoría Almodóvar, en su toma de posesión se vieron ayer nombres de peso que indican los compromisos que tendrá que abordar de modo más urgente. Por ejemplo, no faltaban los directores Miguel Falomir (Museo del Prado), Montserrat Iglesias (Inaem), Manuel Borja Villel (Reina Sofía), Daniel Bianco (Teatro de la Zarzuela), Guillermo Solana (Muyseo Thyssen) y José Carlos Martínez (Compañía Nacional de Danza), al igual que el presidente de la Fundación Teatro Real Gregorio Marañón. Pocas mujeres, por cierto, para un partido que lleva en su programa electoral la promesa de la paridad en los órganos directivos de museos, centros de arte y patronatos.

En ese documento, en cuyo diseño jugó un papel clave Ibón García, abogado, director de la Fundación Pablo Iglesias y Secretario Federal Ejecutivo de Cultura y Deportes del partido, llamado a jugar un rol decisivo en el nuevo ministerio de Cultura, había aspectos muy llamativos. El PSOE se comprometía a combatir “la degradación de la cultura en España”, de la que citaba como ejemplos “los recortes a la inversión cultural, el establecimiento del IVA cultural más alto de la Unión Europea, la aprobación de una Ley de Propiedad Intelectual sin diálogo (ni social, ni político) y la falta de medidas reales de fomento del mecenazgo”.

Huerta debe combatir "la degradación de la cultura en España" que critica Pedro Sánchez

Así las cosas, Màxim Huerta tendrá poco tiempo para acrecentar su carrera literaria y viajar a su amada París si se emplea a fondo, y ya se ha destacado también su carácter “inquieto” y laborioso. Entre los más inmediatos está la presentación este mes en el Congreso de los Diputados del Estatuto del Artista y del Creador. Para ellos, como puso de manifiesto José Manuel Caballero Bonald, es vital poder compatibilizar el cobro de la pensión con el de los derechos de autor, lo que ahora resulta imposible.

Otras reclamaciones urgentes pasan por la aprobación de una Ley de Mecenazgo que permita a las empresas privadas beneficiarse fiscalmente de la inversión en el sector de la cultura, empeño en el que fracasaron tanto José María Lassalle como Fernando Benzo por la oposición del Ministerio de Hacienda de Montoro. Según el programa del PSOE, la Ley incluiría un sistema de bonificaciones a la exportación, en línea con las establecidas en los países de nuestro entorno europeo, para competir en los mercados internacionales.

Está pendiente también que el IVA del cine baje al 10%, como ya sucedió el año pasado con el de los espectáculos en vivo, incluidos los toros, otro sector al que Màxim tendrá que representar. En 2017 el cine quedó exento de la rebaja, lo que se interpretó como un castigo a un colectivo especialmente crítico con el Gobierno de Rajoy, que había subido en 2012 el IVA del 8% al 21% para todo el sector cultural.

Huerta también deberá aclarar cómo se protegen los derechos de los autores después de que Europa declarara ilegal la compensación por copia privada con cargo a los Presupuestos Generales del Estado. La Asociación para el Desarrollo de la Propiedad Intelectual (Adepi) ya ha expresado que espera “mantener un diálogo constructivo” con el nuevo ministro “con el fin de encontrar soluciones de consenso a los graves problemas que viene arrastrando el sector”.

El PSOE prometía en su programa la paridad en los órganos directivos de museos y patronatos

Las carencias de los museos estatales, debido al recorte en la asignación pública durante los últimos años, son notorias en el caso del Museo del Prado, que debe celebrar su Bicentenario e iniciar la adecuación del Salón de Reinos con una aportación estatal que ni siquiera cubre, según denunció recientemente su director Miguel Falomir al diario El País, el 60% de las nóminas de la plantilla.

Los ayuntamientos de toda España esperan, además, que los proyectos que se han presentado al 1,5% cultural reciban apoyo. Sevilla, por ejemplo, lo solicitó en vano este año para abordar la restauración de las murallas de la Macarena y la Torre de Don Fadrique. El programa del PSOE prometía “actualizar” la política del 1,5% cultural, “tanto para agilizar sus procesos como para revisar los criterios de aplicación de este tipo de financiación, que posibilite actuaciones fundamentalmente en los Conjuntos Históricos declarados”.

Con el mismo partido en Moncloa y San Telmo, debería ser la hora de los museos andaluces

Hasta ahora, en lo que respecta a Andalucía, la Consejería de Cultura lleva años tirando balones hacia arriba y acusando a Madrid de la parálisis en la reforma y ampliación de los museos estatales gestionados por la Junta. Con el mismo color político en Moncloa que en San Telmo, y con la ex consejera Montero en el Ministerio de Hacienda, será difícil hallar excusas para mayores dilaciones. Si Málaga lo logró, con el Museo de la Aduana inaugurado durante la etapa como consejera de Rosa Aguilar, las restantes siete provincias andaluzas deberían obtener al menos una respuesta y un calendario. Pedro Sánchez prometió elaborar un Plan de Intervenciones Urgentes priorizado en función del estado, valor o papel social de los bienes culturales.

Ésta es sólo una pequeña muestra de los numerosos problemas enquistados en Cultura desde hace años. De ahí que no esté de más desear suerte, por el bien del sector, al flamante ministro escritor.

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