Sin más precedentes que ellos mismos
Bajo el rótulo de Sin precedentes se presentó la noche del lunes en el castillo de Alcalá de Guadaíra el trío formado por Jorge Pardo, Carles Benavent y Tino Di Geraldo. Los marcos incomparables, por lo general, hacen desconfiar al melómano, pues dichos emplazamientos privilegiados muy a menudo vienen a encubrir la falta de contenido artístico -y entonces la mirada del espectador se entretiene en las filigranas arquitectónicas o en el firmamento-.
No fue el caso (como tampoco lo son las Noches en el Alcázar, de las que ya pueden ustedes disfrutar desde hace dos semanas). El nervio de Benavent y los sentidos solos de Pardo no lo permitieron.
Pardo dio rienda suelta a los arabescos y jipíos flamencos que son marca de la casa, primero al soprano, luego tímidamente al tenor y, por último, explayándose con la travesera, con la que se marcó una pieza a solas estremecedora. Todo ello sostenido por el bajo portentoso de Benavent, que hace gala de su imponente virtuosismo, en la estela de su admirado Jaco Pastorius (al que dedicó un Bluestorius). Como Pastorius, como Chick Corea (con el que forman el grupo Touchstone) e incluso como Rollins desde los años 70, este trío destila una frescura que unos llaman duende, otros tildan de hortera, otros atribuyen a cierto espíritu mediterráneo, y que, sea como fuere, hace mover los pies a propios y extraños.
"Es lo mismo que llevan tocando desde siempre", dicen unos. "Son unos monstruos", dicen otros, ya instalados en el ambigú. El caso es que el castillo vibra con su música y luego con los aplausos del público en pie. Si no es del todo exacto el nombre del espectáculo es porque el trío sí que tiene precedentes: los que ellos mismos impusieron hace unos veinte años en el entonces todavía incierto panorama del flamenco-jazz.
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