Siguen tañendo las campanas de Evrugo
La galería Rafael Ortiz expone las obras del artista Alberto Porta, también conocido como Zush y Evru, fallecido en septiembre de 2025.
La “habitación propia” de Concha Ybarra
La ficha
‘Una carta al universo’. Alberto Porta - Zush - Evru. Galería Rafael Ortiz (Calle Mármoles 12, Sevilla). Hasta el 30 de enero.
Alberto Porta (Barcelona, 1946 - ibídem, 2025) comienza su carrera a principios de los años 60, cuando aún no alcanza la mayoría de edad, de la mano de la galería catalana René Metras. En esta primera etapa, aparte de llevar a cabo sus primeras exposiciones, participará en la Bienal de Sao Paulo. En 1968, tras ser juzgado por la Ley de Vagos y Maleantes, pasará unos días en prisión y más tarde, tratado por el régimen de Franco como inadaptado social, unos meses en el instituto frenopático de Barcelona (hospital psiquiátrico que funcionó entre 1863 y 2000).
El paso por este hospital psiquiátrico influyó enormemente y de forma transversal en la vida de Alberto Porta, pasando a llamarse Zush (palabra que no paraba de repetir uno de sus compañeros internos). Zush no sólo fue un nombre artístico o un alter ego, ya que en la vida del artista nunca hubo límites entre lo artístico y lo personal. Zush empieza a desarrollar la idea de un estado propio, entendiendo estado tanto como la forma de estar en el mundo, como un territorio autónomo, soberano e independiente al resto de territorios. Así nace el Evrugo Mental State, un estado dotado de su propio himno, bandera, moneda e incluso lenguaje, que Zush irá desarrollando a lo largo de su vida. Un estado que se encuentra en la frontera entre el mundo interno y el externo del artista, que emerge entre la psique de este y la mirada del espectador.
Desde la segunda mitad de los 70, Zush comienza a tener una relevancia internacional donde cabe destacar la beca Fullbright de la Fundación Juan March para estudiar en el Massachusetts Institute of Technology (MIT), su participación en una exposición en el Guggenheim de Nueva York, en otra muestra en el Pompidou de París o en la Documenta de Kassel.
Ese mundo donde confluyeron los mundos interior y exterior de Alberto Porta, de Zush y de Evru, persiste.
Tras los años 90, en los que la obra de Zush estuvo marcada por lo tecnológico y lo digital, llega otro momento crucial en la trayectoria del artista. En el año 2000 se llevaría a cabo La campanada, una gran exposición retrospectiva en el Reina Sofía que más tarde se mostraría en el MACBA. Tras acabar la muestra de Madrid y antes de exponerse en Barcelona, Zush “muere” ante el “nacimiento” de Evru, el nombre del artista hasta su fallecimiento en septiembre de 2025.
Muere el artista, pero Evrugo permanece. Ese mundo donde confluyeron los mundos interior y exterior de Alberto Porta, de Zush y de Evru, persiste. Sus campanas siguen tañendo, su alfabeto sigue siendo legible, las criaturas que de él nacieron, siguen deambulando por su territorio y entonando su himno. Evrugo sigue sustentándose en esa obra multidisciplinar, onírica, primitivista-fantástica y sincrética creada por, más que un artista, un ArtCieMist (término que une artista, científico y místico, creado por el propio artista).
Una carta al universo, la exposición en Rafael Ortiz, es una propuesta de viaje a Evrugo o al menos, a una de sus provincias. Una propuesta para conocer la obra de esta figura demiúrgica que fue (que fueron) Alberto Porta-Zush-Evru. Así, la galería sevillana reúne una serie de pinturas, dibujos, esculturas y obra gráfica del artista catalán que abarcan desde 1968 hasta 2008.
Desde pequeñas obras pictóricas (cartas) que se abren como pequeñas ventanitas, de apenas unos centímetros, al mundo creativo y onírico del artista, dibujos que emergen como códices donde queda inscrita la mitología ancestral de Evrugo, desvelando los secretos atávicos de este universo, hasta monedas y billetes de curso legal en dicho estado. Los personajes que allí se convocan, los grafismos que aparecen en lienzos y papeles, revelan de algún modo la idiosincrasia, la identidad y el acento del Evrugo Mental State.
Uno de los elementos que más peso tuvo en la obra del artista fue la campana. Piezas de bronce diseñadas y creadas con unos rasgos, sonidos y nombres específicos. Un modo de dotar de vida a estos objetos, convirtiéndolos en personajes con una voz propia y con una identidad concreta. Personajes que a veces susurran dulcemente, otras claman con estruendo y que, seguro, el pasado 11 de septiembre doblaron en un triste lamento ante el fallecimiento de su creador.
Una carta al universo no es sólo un homenaje, sino un agradecimiento de la galería, de Rafael Ortiz y su familia, al artista por la estrecha relación que mantuvieron durante años y por permitirles formar parte de su universo creativo. Una carta con la galería Rafael Ortiz en el remitente y con el Evrugo Mental State en el destinatario.
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