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Separación, comedia y rematrimonio

Sin conexión | Crítica

Will Arnett y Laura Dern en una imagen del filme de Bradley Cooper.

La ficha

*** 'Sin conexión'. Comedia romántica, EEUU, 2026, 120 min. Dirección: Bradley Cooper. Guion: Bradley Cooper, Will Arnett, Mark Chappell. Fotografía: Matthew Libatique. Música: James Newberry. Intérpretes: Will Arnett, Laura Dern, Andra Day, Bradley Cooper, Amy Sedaris, Sean Hayes. 

En su tercera película como director, Bradley Cooper parece haber rebajado ambiciones tras el remake de Ha nacido una estrella y el fallido y ampuloso biopic (Maestro) de Leonard Bernstein. Y eso que todos salimos ganando. Incluso se reserva un pequeño papel secundario en el que parodia a un actor inseguro y narcisista para ceder todo el protagonismo a Will Arnett, esposo y padre de familia en plena separación de su esposa, una ex-jugadora de voleibol a la que interpreta la siempre estupenda Laura Dern.

Sin conexión nos arroja a los hechos consumados, las casas separadas, el patetismo masculino de mediana edad, los hijos adaptados y el acuerdo más o menos razonable para lanzarse a una premisa de cierto riesgo: nuestro hombre sublimará su experiencia traumática a través de la comedia, en actuaciones en clubes neoyorquinos de stand-up donde da rienda suelta a su propia autobiografía como materia cómica para los monólogos.

Los ecos del cine de parejas de los setenta (Allen, Mazursky, Kramer contra Kramer) dejarán pronto paso a aquellos más livianos que conectan la cinta de Cooper, también co-guionista, con las comedias de rematrimonio de los años treinta saludadas por Stanley Cavell. A saber, Sin conexión deja aire y espacio propio a sus personajes para el auto-reconocimiento, el perdón, el humor y la reconexión, en una pirueta que pasa por un delicado momento en alambre que pone a marido y ex-esposa a uno y otro lado del escenario en plena actuación-confesión nocturna.

Cooper no siempre consigue controlar las riendas de su historia, que tiende a dispersarse innecesariamente con material prescindible (amigos, familia…), aunque tiene muy claro hacia dónde se dirige en su reivindicación del matrimonio como campo minado y mal menor para la pareja norteamericana de clase media. Los pobres tal vez no podamos permitirnos expiar en forma de chistes y re-enamoramientos nuestras desgracias y sinsabores conyugales, aunque seguiremos acudiendo, qué remedio, a la actuación de fin de curso de los hijos donde suena siempre la canción perfecta (Under pressure) que todo lo resume.  

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