Un desierto de hielo
Aibar/rabiA | Crítica
La ficha
*** 'Aibar/rabiA' Vanesa Aibar. Baile, coreografía y dirección: Vanesa Aibar. Cante: Gema Caballero. Composición musical e interpretación: Frank Moon. Acompañamiento artístico: Guillermo Weickert. Dramaturgia: David Montero. Inspirado en las investigaciones de Juan Manuel García-Ruiz. Lugar: Teatro Central. Fecha: Sábado, 31 de enero. Aforo: Lleno.
Hay una ira civilizada, socialmente admitida, irreprochable, y esa es la que domina, de principio a fin, esta obra. Un espectáculo musculado, óseo. Un enorme despliegue físico. Son los músculos los que funcionan como coraza, no la capa de hielo que los cubre. Lo rígido son los músculos, no el hielo. El hielo, al cabo, es agua. Es una cuestión de tiempo. De tempo. De temperatura. De manera que en la obra no pasa nada, no hay evolución posible. Si me apuran, al comienzo percibo más candidez, algo de calidez. Por lo demás, dominan los colores fríos. No encontramos el “rojo de ira”. En la obra no pasa nada, solo se acelera el tiempo ese del que hablábamos. No se rompe nadie, nada, porque el agua ya está rota. Ni la voz, ni la danza. Ni la máquina. Solo se acelera el proceso de descongelación. Es un formidable ejercicio físico, una carrera portentosa. Al final de la misma, la bailaora, la cantaora, sigue con el pelo y el corazón intactos. Intuimos que debajo del hielo hay un pecho y en el pecho un corazón. Domina el blanco, como en la ballena de Ahab. La pulcritud. No se produce la metamorfosis que propone. Los gritos siguen contenidos. Es una obra de contención, de hipercontrol. Hasta en la seguiriya. Sobre todo en la seguiriya. Una obra tecnológica, ingeniosa, cibernética, mineral, geométrica, automática, robótica, perfecta. En realidad, nada tiene que cambiar, porque la ira tiene razón: el mundo debería de ser como debería de ser, no como es. Pero el mundo es como es. Y el cementerio está lleno de buenas razones, de buenas intenciones. Esta obra está fuera del mundo, es una realidad paralela. Es irreal. Una ficción. Un mundo gélido, congelado, perfecto. Automático, robótico. Irreal. Fascinante. Subyugante. Ideal. Se encuentra en un estadio anterior, o posterior, a la vida. Intrauterina, fantasmagórica. No hay los estallidos emocionales que habitualmente asociamos a la ira y que en nuestro contexto social están censurados. No hay gritos. No hay dramas ni tragedias. No hay emoción. No hay estallidos de violencia aunque sí mucha violencia. Contenida. Los gritos también son contenidos. Y sí, lo que subyace en el perfeccionismo también es rabia, ira. Una ira civilizada. Hipercivilizada. Socialmente aceptada. Y hasta ensalzada. No hay llanto, no hay risa. Tan solo un desierto de hielo.
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