Artes Escénicas

Cuando encerrarse resulta divertido

  • La Sala Cero acoge hasta el día 31 '¿Y ahora qué?', una comedia protagonizada por Candela Fernández y Juanfra Juárez sobre dos actores que no pueden salir del teatro

Candela Fernández y Juanfra Juárez, en el camerino de la Sala Cero. Candela Fernández y Juanfra Juárez, en el camerino de la Sala Cero.

Candela Fernández y Juanfra Juárez, en el camerino de la Sala Cero. / Juan Carlos Muñoz

Candela Fernández recuerda que desde pequeña albergaba el propósito de hacer reír, que siempre quiso ser "una actriz cómica. En el colegio era la más graciosa, o si no la más revoltosa, y montaba en cuanto podía obras de teatro con mis compañeros", rememora la intérprete. En su vocación influyó ver cómo se abría paso su hermana mayor, Ana, a la que siempre tuvo como consejera, pero también sirvió como detonante para elegir su oficio ese anhelo de provocar la carcajada, o al menos la sonrisa, en el público. "Era la idea que tenía cuando entré en el Instituto del Teatro", apunta Fernández antes de señalar la paradoja que le reservaba el destino: desde entonces contarían con ella, principalmente, para papeles dramáticos. Esa dinámica ha cambiado gracias a la Sala Cero, con la que ha encadenado dos producciones que se mueven en el registro de la comedia: Tres cosas, una disección de las parejas actuales y su miedo al compromiso, que protagoniza junto a Elías Sevillano, y el montaje que lleva a escena desde hoy hasta el día 31 en el teatro de la calle Sol, ¿Y ahora qué?, una pieza en la que comparte cartel con otro veterano de la escena sevillana, Juanfra Juárez, y en la que "se me permite hacer locuras y sacar mi parte más divertida. Estoy contentísima. Es como si la Sala Cero me hubiese abierto la puerta a lo que siempre quise ser".

La actriz habla de abrir puertas, pero el texto de Branko Djuric que han adaptado al castellano Bernabé Rico y Antonio Campos, y que dirige el último, va sobre un hombre y una mujer que se quedan encerrados. Él es un actor ególatra que, aunque parece ya encaminado al declive –o a resignarse a las vacas flacas: hizo un Ricardo III con el despliegue una gran compañía y con la crisis ha tenido que concentrar ese clásico en un monólogo–, mantiene cierta popularidad gracias a sus apariciones televisivas. Tras una función en un teatro de provincias, ese divo comprueba con asombro que mientras se duchaba han apagado las luces y cerrado la sala con él dentro. Pero no está solo, por allí anda también una actriz amateur que admira su trabajo. Él, al principio, "la menosprecia, pero ocurrirán cosas y del desprecio más absoluto él pasará al enamoramiento", cuenta Juárez, que ha disfrutado encarnando a "este actor teatral subidito, con un ego muy grande, un modelo reconocible  ante el que a todos se nos viene algún nombre a la memoria". Aunque él, por respeto o prudencia, no revele si se ha inspirado en la vanidad de alguien para su creación, y prefiere decir que ¿Y ahora qué? es, más que una crítica, un "homenaje al teatro", el encuentro de dos personajes aparentemente opuestos que comparten el mismo temblor y la misma fascinación cuando pisan un escenario y que volverán a sentir ese estremecimiento cuando interpreten pasajes del Don Juan de Zorrilla o de La vida es sueño.

"Curiosamente, esos fragmentos ya estaban en la obra original, no es algo que hemos incorporado a la versión española", observa Antonio Campos, que sí reconoce que la adaptación sí se ha llevado "a este momento nuestro, al sentido del humor de por aquí". ¿Y ahora qué? empezó a gestarse cuando los responsables de la Sala Cero buscaban un texto con el que celebrar las dos décadas de vida del teatro y de la productora, una obra que estuviese en sintonía con lo que habían hecho hasta ahora y que fuera un homenaje a las artes escénicas. Fue Bernabé Rico –que desde este lunes es candidato al Goya al mejor director novel por su ópera prima El inconveniente– el que dio con el material y tradujo un primer borrador. A Campos le entusiasmó una obra que era "una comedia de acción, no una de estas comedias estáticas que dan poco juego. Ésta te permitía explorar, hacer cosas", asegura el director. El actor José María Peña, que tiene una breve pero "importante" colaboración, celebra que el espectador "nunca sabe por dónde va a salir la historia, siempre pasa algo".

El candidato al Goya Bernabé Rico y Antonio Campos, que dirige, adaptan una obra de Branko Djuric

Campos, que ha dirigido comedias bien conocidas por el público sevillano como Estrella sublime o El asesino de la regañá, se define como "intuitivo" en su trabajo. "Si algo me divierte, pienso que puede funcionar. Tengo que reírme yo primero", explica un profesional que considera muy estimulante dar libertad a sus intérpretes. "No todo el mundo es así, pero a mí me gusta escuchar lo que tienen que decir. Y si hay algo genial, o simplemente mejor, eso se queda", añade. En Juárez y Fernández ha encontrado, asegura, a dos aliados maravillosos. "Los conocía por separado, sabía cómo trabajaban, y pensé que eran la pareja perfecta por su sentido de la comicidad, que no podían hacer otros sus personajes. No me equivocaba. Se entregan, siempre están jugando, tenerlos es una suerte".

Candela Fernández y Juanfra Juárez ensayan una escena. Candela Fernández y Juanfra Juárez ensayan una escena.

Candela Fernández y Juanfra Juárez ensayan una escena. / Juan Carlos Muñoz

El equipo iba a empezar a ensayar "dos o tres días después de que el Gobierno decidiera confinarnos en marzo", evoca Campos. "Y es curioso, porque este argumento de dos actores encerrados al final tiene algo de la historia de todos nosotros, han surgido paralelismos y nuevas lecturas con esto del virus". La pandemia ha trastocado los horarios –las funciones son, de viernes a domingo, a las 16:30–, pero también ha acentuado en la gente la necesidad de reírse. "Ahora tenemos la mitad de los espectadores, porque el aforo es reducido, pero notas que el aplauso es el doble", afirma Candela Fernández. "Es extraño este tiempo que vivimos. Cuando sales a escena ves al público con la mascarilla y te dices: ¡Hala, que se me ha olvidado ponérmela! Y luego te das cuenta de que para actuar no hay que llevarla. Hacer comedia, y supongo que verla, es algo terapéutico en un momento así"

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