ESTRENO El Circo del Sol regresa hoy a Sevilla

Análisis

Vicente Fernández Guerrero

Ex interventor general de la Junta de Andalucía y ex presidente de la SEPI

Construcción industrializada, reto y oportunidad

Cualquier organización que se precie debe permanecer siempre atenta a las innovaciones que van apareciendo en su entorno. Caso contrario, corre un grave riesgo de estancarse, retroceder o incluso acabar desapareciendo. El polifacético presidente de Telefonica durante los años ochenta del pasado siglo, Luis Solana, el mismo que sentó las bases de la actual multinacional española comenzando su internacionalización -o sea, priorizando una manera de actuar entonces distinta e innovador-, describió muy gráficamente en una conferencia dada en Sevilla en 2014 cómo las empresas de telecomunicaciones vivían poco tiempo antes "tranquilas y felices", facturando por cada uno de los millones de SMS que se mandaban, cuando, de la noche a la mañana, vieron su cuenta de resultados más que menguada con la aparición de Whatsapp. Simplemente, no lo vieron venir.

Las grandes corporaciones privadas, así como las públicas, deben, pues, permanecer ojo avizor ante las innovaciones que afecten a su actividad. Más aún en aquellos casos en los que es posible que, como consecuencia de dichas innovaciones, bien pierdan su ventaja competitiva, bien se vean afectadas por la deslocalización de la producción. Los sindicatos tampoco han de ser ajenos a esta preocupación, no sólo por los problemas que pueden producirse para la cantidad y la calidad de los puestos de trabajo existentes, sino también por las oportunidades que es posible generar para un mayor y mejor empleo.

Fijémonos en un sector como el de la construcción, muchas veces injustamente denostado. Aporta a Andalucía casi un cuarto de millón de empleos y según las últimas estadísticas de un año "normal", esto es, de 2019, constituye más de un 7% del valor añadido bruto de la economía andaluza. Cifras sin lugar a dudas que deben llevarnos a tener una particular atención con este sector. Sucede que la construcción industrializada, la que se lleva a cabo principalmente dentro de una fábrica, mediante procesos industrializados, quedando sólo al margen del proceso productivo en fábrica la cimentación y el ensamblaje final, comienza a convertirse en una realidad que va proliferando y que, como casi todo cambio en esta vida, puede verse como un mayúsculo problema o como un enorme reto.

Pongamos un ejemplo como muestra. En la actualidad toda una urbanización promovida en Andalucía, en el área metropolitana de una de nuestras capitales, está siendo construida en una fábrica a mil kilómetros de Andalucía. Aquí sólo se acometerá la cimentación de las casas y el ensamblaje de las diferentes partes construidas. Hagamos un sencillo cálculo de las rentas y los empleos que se han perdido para nuestra comunidad y la cuestión es para preocuparse. Si fuéramos agoreros, podríamos pensar que la deslocalización llama a las puertas también de un sector como el de la construcción, sobre todo si no reaccionan quienes tienen la capacidad (y el deber) de hacerlo.

Ciertamente, son numerosas las ventajas de la construcción industrializada, tales como la reducción de plazos, su precio cerrado, su menor afectación al entorno o su mayor eficiencia energética. Todo ello sin merma alguna de la calidad constructiva, sambenito con el que ha cargado muchas veces en el pasado. Y no debe desdeñarse que, gracias a este sistema constructivo, los accidentes laborales y el peligro de trabajar a la intemperie se reducen a su mínima expresión. No en vano también se la conoce, de manera más que descriptiva, como construcción "en seco". Actuar como si la construcción industrializada no existiera y no vaya a crecer en el futuro sería tanto como poner vallas al campo. Una economía como la andaluza no ha de desaprovechar la oportunidad que supone darle la vuelta a la ecuación. Es decir, que sea en fábricas andaluzas donde se construya una parte importante del parque de viviendas de otras comunidades autónomas o incluso de otros países. Para ello el sector y las administraciones andaluzas pueden consensuar soluciones a los retos que también plantea este sistema de construcción. Por ejemplo, cómo se articula la financiación de unas viviendas que, ¿a quien pertenecen cuando están siendo construidas en la fábrica? O, hablando del sector público, cómo pueden librarse certificaciones parciales de obras, cuando están todavía en fábrica y, por tanto, no pertenecen aún a la Administración.

Son muchos los retos, pero una mejor regulación, unas mejores prácticas por parte de todos, podrían hacer proliferar en nuestra tierra las fábricas dedicadas a la construcción de casas y edificios. ¿Por qué no puede ser la construcción industrializada una oportunidad para Andalucía, para mejorar nuestro empleo y nuestra riqueza?

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