08:00. Abro los ojos con el monólogo de Alsina, esa pieza radiofónica magistral, y me alegra el despertar con su referencia a la barriada del Tardón y a la Virgen de San Gonzalo, porque sin ser uno de hermandades, salvo en mi etapa adolescenteen Los Servitas, en estos tiempos oscuros toca la fibra que pasos y gentíos estén recluidos. "Hoy se cumplen 65 años de la primera vez que procesionó en Sevilla y he leído que el rostro de esta Virgen lo surcan cinco lágrimas de cristal, tres en la mejilla derecha y dos en la izquierda. Y pienso para mí que se nos quedan cortas esas cinco lágrimas para todo lo que estamos pasando". Bravo, don Carlos, espero que esté contento con el EGM. Con la cara sin lavar me acuerdo de que anoche no fuimos al Rinconcillo, como cada domingo desde hace 12 o 13 años, o más. Escucho a Ónega, periodista sabio y con galones, pero que a mí me da... sed. Absurdo, pero así es. Antes de coger el petate (tabaco y Nokia) camino de la redacción, hablo con Samu (Deportes), que anda con la madre pachucha en el hospital y aun así el tío da el callo en el curro.

12:13. Llueve y no hay polis en la costa. Otra vez se me ha ido el santo al cielo: no he subido por las escaleras. Me hago el remolón, más bien el tardón, y empiezo a pegar la hebra con Eva y Carmen. Han repuesto el cartoncito en la puerta del aseo para que no se cerrara. Eficacia probada, como aquel anuncio de insecticida (no es plan de publicitar la marca, aunque tampoco sé cuál era). Mareo más la perdiz con Nacho Garmendia. Todos los Jueves Santos hay guateque en su guarida y ahora lo harán virtual con una cosa llamada Zoom. Ni él, decimonónico, ni yo, de principios del XX, tenemos bendita idea de qué es eso. "Lo mismo", le digo, "me acerco a tu casa y nos tomamos un par de botellines, tú en casa y yo en el rellano". Ojalá.

16:38. Me la juego y salgo sin paraguas. "Juuuuaaaannnn", gritan desde un balcón. El dueño de la Goleta, una taberna de la Campana en donde les falta sacarnos una copla a unos cuantos de las horas que hemos pasado allí. Manolo calcula que hasta mediados de junio sigue aquello chapado. Lástima. Sus vinos quitan el sentido, aunque el mío sigue intacto porque soy de Cruzcampo. Voy un poco más tarde al periódico, el lunes se presenta más tranquilo que el fin de semana, que ha sido de coco (un saludo al compañero Eduardo Florido) y huevo (otro a mi amigo Ángel González). Mirando hacia arriba casi piso una cáscara de plátano y eso que no he visto jamás las calles de Sevilla taaaaan relucientes. Si llego a resbalar con mi 47, acabo en Traumatología y no está de Dios ir al hospital ahora. El móvil comienza a echar fuego (en sentido figurado, los de Cierre quizás le pondrían cursiva) y hay que ponerse manos a la obra. Hoy quiero salir temprano. Ja. Otra vez está ahí el 40, qué casualidad que viene del Tardón. To be continued...

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