La ventana
Luis Carlos Peris
Asignatura pendiente
El origen de la expresión está en la celebración judía del día de la expiación (Yom Kippur). Tras el arrepentimiento, el rabino traspasaba simbólicamente al animal todos los pecados cometidos por la comunidad, que posteriormente era abandonado en el desierto. Los propios judíos fueron chivos expiatorios de los crímenes de la Alemania nazi, de la misma manera que las minorías étnicas y religiosas han tenido que cargar a lo largo de la historia con los pecados de la intolerancia totalitaria. Salvando las distancias, el nacionalismo clasista vasco y catalán reivindica que vivir en igualdad de condiciones con el resto de España limita el desarrollo de su potencial como pueblo y no han reparado en señalar a los andaluces como chivos expiatorios de sus pecados y frustraciones. Ahora es la presidenta de la Comunidad de Madrid quien se suma a la humillación, siguiendo la estela de su predecesora, Esperanza Aguirre.
La premura de las disculpas y la pretensión de orientar el ventilador hacia sus rivales socialistas en Andalucía todavía resulta más indignante porque persigue cerrar en falso, es decir, sin coste, la afrenta, sabiendo que la semilla cae en terreno fértil, dispuesta a germinar en cuanto alguien decida regarla. "Las palabras de la presidenta de la Comunidad de Madrid se basan en datos que avalan su argumento", se ha podido leer en algún torpe e interesado análisis a lo largo del fin de semana; y una columnista catalana se ha apresurado a aprovechar el "agravio madrileño" para titular su artículo dominical: "¿Andalucía les roba?" y reivindicar más bilateralismo con Cataluña y límites a la solidaridad con Andalucía.
Soy de los convencidos de que el inmovilismo de los desequilibrios regionales durante casi cuatro décadas se debe a que la solidaridad que se ha practicado en España perjudica a largo plazo a los territorios que la reciben y beneficia a los donantes. Pero sobre todo me resisto a aceptar en silencio el prepotente alarde de solidaridad de la señora Cifuentes. Añadiré una reflexión a mi artículo en este mismo periódico del pasado mes de agosto (Andalucía y las balanzas fiscales) sobre la falsedad de este tipo de interpretaciones. Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), el Producto Interior Bruto (PIB) por habitante en Madrid es un 84,2% mayor que en Andalucía, por lo que si los impuestos fuesen proporcionales, la diferencia entre lo que pagan andaluces y madrileños debería aproximarse a esa cifra. Pero no, todos tienen una tarifa proporcional. Algunos la tienen progresiva, es decir, que aumenta con el nivel de renta y riqueza, así que, si todos contribuimos en función de nuestras circunstancias económicas, la diferencia entre lo que pagan unos y otros tendría que haber sido incluso superior al 84%. Pero lo que dicen las balanzas fiscales es que la contribución de cada madrileño a la hacienda pública española en 2013, el último dato publicado, fue de 2.281 euros, exactamente un 50% más que los 1.521 euros de cada andaluz. Sólo cabe una explicación: entre dos individuos en idénticas circunstancias económicas, el que paga menos impuestos es el que vive en Madrid. Esto quiere decir que el contribuyente andaluz realiza un mayor esfuerzo fiscal que el madrileño.
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