¡Oh, Fabio!
Luis Sánchez-Moliní
La nueva muerte de Pemán
Para quienes somos de allí una vida es los pocos metros que van de la capilla bautismal de San Juan de la Palma en la que a muchos nos cristianaron al altar de ánimas ante cuyo cuadro está situado estos días el San Juan que, con cierto aire de rechifla, parece invitar al purgatorio –“pasen, señores, pasen”– con el gesto de quienes animaban al público a entrar en las barracas de la calle del infierno anunciando las rarezas que en ellas se exhibían.
Una invitación que suena con más fuerza cuantos más años se va cumpliendo, más lejana va quedando la pila bautismal y más cercana la invitación del San Juan a ser uno de esos cuerpecitos que tienden las manos hacia los ángeles. En mi caso le pediría purgar mis culpas y tibiezas, en vez de en el cuadro, en su copia del retablo cerámico que hizo Pedro Borrego Bocanegra para la fachada de San Juan de la Palma en 1918, el mismo año en que el marqués de Benamejí pintó el de la Amargura, para aliviar la espera, hasta que las oraciones me rescaten, viendo salir y entrar el Desprecio de Herodes y la Amargura… Y pasar la Macarena.
Porque creo tan firmemente en la existencia del purgatorio, aunque hoy haya cristianos-yupi que lo nieguen, como en la del infierno, que también algunos niegan. Lo creo porque 125 años antes de Cristo se escribió en el Segundo Libro de los Macabeos que Judas Macabeo “mandó hacer este sacrificio expiatorio en favor de los muertos, para que quedaran liberados del pecado”. Lo creo como creo cuanto Jesús Nazareno dijo, que una cosa es interpretar los textos y otra negar lo que tan claramente afirmó sobre el lugar “donde el gusano no muere y el fuego no se apaga” y “el horno de fuego donde será el llanto y el crujir de dientes” al que irán a parar aquellos a los que, “cuando venga en su gloria el Hijo del hombre”, dirá: “Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el Diablo y sus ángeles”. Y esto es palabra de Dios, no interpretación de un teólogo.
¡Vaya 21 de noviembre que está dando usted –dirá alguien– para celebrar algo tan gozoso como el LXIX aniversario de la coronación! Pero es que amargura significa aflicción extrema que causa tristeza o angustia y el acto de fe de los de San Juan de Palma es escribirla con mayúscula, venerarla, coronarla con la desmesura que su desmedido dolor exige y esperarlo todo de la que todo lo ha perdido. Señora del De profundis es la Amargura.
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