La aldaba
Carlos Navarro Antolín
Qué buena vasalla si tuviese buen señor
La Ruritania de El prisionero de Zenda, la Libertonia de Sopa de ganso, la Flausenthurm de El teniente seductor, la Sylvania de El desfile del amor o la Syldavia y la Borduria de El cetro de Ottokar son países europeos imaginarios, tan minúsculos como pretenciosos, que han divertido en novelas, operetas, películas y tebeos. Como la realidad imita al arte, toda Europa parece camino de convertirse, pese a su tamaño, su historia, su cultura, sus monumentos y sus nobles ruinas en una versión a gran escala de ellos.
Tras el ridículo envío de pequeños grupos de tropas francesas, alemanas, suecas, y noruegas, a las que podría sumarse España, como “una demostración de unidad y fuerza frente a las incesantes amenazas de Donald Trump” (risas), al que más nos estamos pareciendo es al Grand Fenwick inventado por Leonard Wibberley (1915-1983) en sus cinco novelas satíricas dedicadas a ese minúsculo, divertido y ridículo ducado.
Se las conoce como la serie del ratón porque, burlándose de las ansias de grandeza del pequeño ducado, sus títulos empiezan con el roedor al que se le compara. Dos de ellas, El ratón que rugió y El ratón en la luna fueron llevadas al cine: la primera, titulada en España Un golpe de gracia (1959), por Jack Arnold, y la segunda, Un ratón en la luna (1963), por Richard Lester. En la primera Peter Sellers interpretaba a la Gran Duquesa Gloriana XIII, al primer ministro y al general Tully. En la segunda la gran Margaret Rutherford era Gloriana XIII y Ron Moody y Terry Thomas sus ministros. En las dos, como en todas las novelas, el enemigo era Estados Unidos. En la novela El rugido del ratón y la película Un golpe de gracia, Grand Fenwick le declara la guerra a los americanos para perderla y recibir los fondos Marshall.
Es a ella a lo que más se parece la misión de la UE que –y no es broma– según el ministro de Defensa alemán es una misión “de vigilancia, de patrullas, de mirar qué ocurre bajo el agua, sobre el agua y en el aire” y según un portavoz del Ministerio de Defensa alemán es una operación destinada a “ver si el Ártico es seguro y en qué medida podemos contribuir a esto juntos con nuestros socios de la OTAN”, mientras Macron dice que “esta es una señal política contundente” tras enviar quince soldados. Ruge el ratón.
También te puede interesar