La aldaba
Carlos Navarro Antolín
La muy tiesa ciudad de Sevilla
RECORDABA el otro día Alejandro Rojas-Marcos cuando socialistas y comunistas llamaban “traje de gitana” o “trapo” a la bandera de Andalucía. La derecha, por su parte, en sus momentos de iluminación etílica, la nombraba como la “bandera del Betis”, y aún hoy, pese a la matraca andalucista de Juanma Moreno, sigue sin ser invitada a las casas de más rancio abolengo, pero sin que eso signifique un rechazo explícito. Sólo indiferencia.
A la blanquiverde le ha pasado, como a tantos símbolos, que con los años ha ido limando sus aristas. Despertará más o menos entusiasmo en los ciudadanos, pero muy pocos son las que la conciben como una ofensa. Sus fervorosos partidarios no necesitan protegerla porque, sencillamente, no está amenazada.
Sin embargo, el presidente de la Junta de Andalucía ha anunciado que instaurará el Día de la Bandera Andaluza, que se celebrará los 4 de diciembrepresidente, fecha icónica del nacionalismo califal de izquierdas. En su obsesión por ocupar nichos electorales, Juanma Moreno no sabe ya a quién robarle la cartera. Debe ser cómodo tener un armario lleno de almas. Levantarse por la mañana y elegir una. “¿Cuál me pongo hoy? ¿La de socialdemócrata continuista? ¿La de neoliberal rebajador de impuestos? ¿La de nacionalista andaluz heredero de Rojas-Marcos? ¿La de groupie de Felipe González? Da la sensación de que Juanma Moreno es de todo menos de lo que debería ser, un líder del centroderecha meridional; un nieto de Cánovas del Castillo, no un hijo de Blas Infante.
Y cuidado con los excesos simbólicos. Conocemos lo que ha costado –y todavía cuesta– desvincular a la bandera de España de las connotaciones que adquirió durante el franquismo. A los ciudadanos ya no nos cabe una bandera más, tenemos las del continente, la de la nación, la de la autonomía, la de la diputación, la del municipio, la gay, la de Ucrania... Los balcones de los Ayuntamientos parecen desde hace tiempo verbenas de barrio, tal es la alegría de los colorines ondeando al viento. Al final, cada uno escoge la que más le toca el corazón. Para mí ninguna como la que juré en una calurosa mañana de septiembre, con el chopo al hombro y sonando de fondo un pasodoble de cuando la guerra del moro: “banderita tú eres roja...”. Otros, como Juanma, preferirán cambiar la letra: “Banderita tú eres verde...” . Y todos tan contentos, juntos como hermanos.
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