¡Oh, Fabio!
Luis Sánchez-Moliní
Iwasaki en la Academia
NO nos engañemos: es complicado que Papá Noel o los Reyes Magos hayan acertado de pleno con los regalos, a pesar de la detallada carta que se les escribió, especificando incluso los horarios de las tiendas donde se podían encontrar los objetos deseados. Lo más probable es que una prenda non grata se haya colado en nuestro armario por obra y gracia de amigos invisibles, familia política o, peor, los propios padres.
Hasta ahora, se optaba o por dejarlo abandonado al fondo del rincón más oscuro del armario o por venderlo en internet y así conseguir un dinero extra. Pero una nueva opción surge con fuerza arropada por bohemios, hipsters y pijos con gusto moderno: intercambiarlos por otros que resulten útiles. Así nacen las swapping parties, eventos en los que se montan una serie de tenderetes, como si de un mercadillo se tratase (eso sí, de buen gusto) para cambiar aquellas cosas en perfecto estado pero no deseadas con otros invitados.
La idea, que nace de los anglosajones, está teniendo un gran éxito y aceptación entre ciertas tribus urbanas, tanto que ya existen numerosos manuales de estilo sobre cómo organizar una de estas fiestas. Porque, por supuesto, los códigos son estrictos y la planificación tiene que ser minuciosa y exquisita: se trata, al fin y al cabo, de un evento entre amigos, no de un mercadillo de domingo donde se vocean los productos.
Lo ideal es encontrar un sitio amplio, donde poder exponer los objetos (se empezó por ropa, pero también se aceptan discos, libros, objetos de decoración o similares), un espejo de cuerpo entero para probarse las prendas y por el que los invitados, que siempre deben traer algo para intercambiar y que se llevarán el mismo número de objetos que hayan traído, puedan buscar lo que más les guste. Como buena fiesta, debe haber un pequeño catering y música que la amenice, mejor si es a cargo de un dj o, en versión low cost, de un amigo que no se separe de su reproductor preferido.
Y lo más importante: nada de dinero. La clave del éxito está en la ancestral técnica del trueque, que ha rejuvenecido de la forma más cool y útil.
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