LA sustitución de Vicente Vallés por María Teresa Campos es muy explícita sobre la forma de entender el espectáculo, también en la información, de esta tele nuestra. No voy a descubrir a estas alturas la valía de Vallés. Afirmar que su programa incitaba a la reflexión, al diálogo, y que apelaba a la madurez del espectador, es una perogrullada. Telecinco, que durante los 29 meses precedentes ha sido líder de audiencia y tras el paréntesis olímpico recuperará el liderazgo, vuelve a las andadas. Igual que un día prescindió de Montse Domínguez, ahora lo hace con Vallés. Y recoloca a la Campos. Que junto a Ana Rosa y al formato vertebrador de la temporada, el Gran Hermano 10, causará estragos entre la competencia. Y si no, al tiempo.

Malos tiempos para la lírica, que decíamos antes. Malos tiempos para la reflexión. Quienes hacen pensar más de la cuenta no caben en la televisión de aquí y ahora. Y hay quienes sostienen que ni siquiera en la radio. Once mil correos electrónicos se quejaron de la supresión de La noche menos pensada, de un día para otro, en Radio 1. He leído bastantes de estos correos en distintos foros, y la verdad es que la esperanza se me cae a jirones. Muy pocos de los oyentes que se han manifestado por carta escriben un texto mínimamente coherente, gramaticalmente correcto y ausente de erratas. Dicen que van a "hechar de menos" (sic) al presentador de la doble hache. Y no es ironía. Bautizan al colaborador Bernardo Souviron como Subirón o como Souviron.

No tienen sentido periodístico en el qué ni en el cómo de sus escritos. En fin, que si a la masa no la dejan pensar, y los que se supone que piensan y tienen espíritu crítico ni siquiera tienen la capacidad de expresarse por escrito con concisión y estilo en mil caracteres, ¿qué nos depara el futuro?

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