Visto y Oído

Antonio / Sempere

Constantino

18 de mayo 2013 - 01:00

CONTABA Francis Gallardo en el obituario de estas páginas que Constantino Romero logró al final de su carrera un muy buen contrato con la televisión autonómica de Castilla-La Mancha. Un contrato que duró prácticamente una década. La verdad es que por encima de otras consideraciones acerca de su voz, que ya han sido relatadas hasta la saciedad por los cronistas, de Constantino siempre me llamó la atención su capacidad para hacer caja, para rebañar dinero de aquí y de allá. No es que yo sea descortés ni perverso. Sólo austero. Y es esa austeridad la que me hizo escuchar mentalmente el sonido de caja registradora cada vez que veía su icono, su emblemática efigie.

Poniendo voz a la publicidad televisiva, money, money. Poniendo voz a los actores más célebres, a tanto el frame, money, money. Poniendo voz a los Juegos Olímpicos, a la radio pública, a la televisión pública, a la televisión privada, a la televisión autonómica, clinc, clinc, clinc. Siendo la voz corporativa de la tele de la tierra que le vio nacer, haciendo caja, siempre haciendo caja (el bueno de Francis Gallardo dijo, eufemísticamente, que con un buen contrato). Pronunciando un par de palabras, tipo "Filmax presenta", a tanto por sesión, que el tiempo es oro.

Yo también fui uno de los concursantes de Constantino hace veinticinco años. Hago cuentas, y los números no fallan. Entonces él tenía 40. Esos 40 años cuyo Rubicón crucé yo hace más de diez, como tantos compañeros de viaje (me acuerdo ahora de los directores de largo operaprimistas que han competido en Málaga, algunos con los 40 en los talones, y todavía en precario). Constantino pertenecía a la bohemia, como a mí me gusta llamar al artisteo. Pero a una bohemia Vip. Qué sabría él a los 40 de pisos patera compartidos por seis actores, de áticos cochambrosos tras 85 escalones sin ascensor, de las estrecheces de la bohemia y del pueblo que ahora le aplaude.

stats