Espadas y el Sombrero Loco

18 de mayo 2011 - 01:00

CONFORME se ve obligado a parecer más seguro Espadas se va transfigurando en Monteserrijos o Rodrialfredo, el orgulloso heredero de la autollamada coalición de progreso que ha despilfarrado cien millones de euros en el disparate ornamental -casi sin usos prácticos- de las setas, ha pervertido buenas iniciativas -peatonalización de la Avenida, reformas de la Alfalfa, la plaza del Pan o la Alameda, carril bici- a causa de su pésima, vulgar, agresiva, deforestada, cateta y carísima ejecución; y ha inventado la gestión gruyère que ha dejado las arcas y empresas municipales con más agujeros que el famoso queso del cantón de Friburgo.

Hasta hace poco Espadas daba un rodeo para evitar las setas y, de pronto, supongo que tras ver esos modestos índices de aceptación que tan bien retratan la novelería sevillana, aparece encaramado en su cúspide, con Sevilla como la debe soñar, a sus plantas; citando el New York Times y una guía de arquitectura que llaman al engendro del germano "una catedral sin paredes" e invitan a "quien quiera saber lo que sintió Alicia en el País de las Maravillas que venga a Sevilla".

El redactor de la audaz comparación y el señor Espadas olvidan que lo que sintió Alicia, además de sorpresa y maravilla, fue desconcierto y miedo; que el País de las Maravillas es la ensoñación de una aburrida y calurosa tarde en la que "pensar le costaba cierto esfuerzo, porque el calor del día la había dejado soñolienta y atontada"; que se trata de un juego de sin sentidos; y sobre todo que una cosa es la literatura fantástica y otra la administración de los caudales públicos.

Aunque a los de la coalición de progreso parece importarles más la arquitectura-ficción, la gestión nonsense (absurda), la expeditiva justicia de la Reina de Corazones ("¡que le corten la cabeza!") en forma de canallescas decapitaciones de reputaciones (caso de Javier Landa: "El PP mantiene en sus listas a un condenado por maltrato de niños", titulaba Público), el uso de los caudales públicos al estilo del Sombrero Loco (desviación del 70% del presupuesto de las setas) o la facilidad para desaparecer del gato de Cheshire (cuando un ciudadano preguntó a Rodrigo Torrijos en nuestros encuentros digitales por la cuantía del desfase presupuestario de las setas, el teniente de alcalde contestó: "No puedo decirle, porque no lo sé, en cuánto ha excedido el presupuesto del Metropol-Parasol").

En el fondo tenía razón quien dijo que quien quiera saber lo que sintió Alicia en el País de las Maravillas venga a Sevilla. Aunque la que se encontrará será la versión gótica y sombría de Tim Burton.

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