La aldaba

Carlos Navarro Antolín

cnavarro@diariodesevilla.es

La España boba en la garita del sectarismo

Hay que tener poca vergüenza para ser vicepresidenta del Gobierno y evitar el uso del vocablo militares

La España boba en la garita del sectarismo

La España boba en la garita del sectarismo

No tienen la más mínima vergüenza cuando nos distraen con los sonajeros de la defensa animalista, la sectaria perspectiva de género y el odio indisimulado al Ejército. Nos intentan tomar el pelo a todas horas metiéndonos a regañadientes cada trocito de esa tortilla del estúpido lenguaje inclusivo que se queda en las formas, en la estética hueca, en los formalismos insípidos. Caen en la trampa hasta los supuestos intelectuales. La España boba no ha parado ni en agosto. Provoca sonrojo comprobar cómo una vicepresidenta del Gobierno se resiste a nombrar la palabra militares al reconocer públicamente la labor de los soldados en Kabul. Esta señora no es digna del cargo. Pero recuerden que tenemos un presidente del Gobierno que dijo que en España sobraba el Ministerio de Defensa.

Esta Yolanda Díaz destila poca clase, ninguna altura institucional y cero vocación de servicio público, de esa actitud que debe llevar a todo gobernante a serlo de todos los administrados, de todos los españoles, de todos los ciudadanos. Gobiernan para una parte desde su prejuicio, desde sus complejos y frustraciones y, por supuesto, desde sus obsesiones. Nunca hemos tenido un Gobierno tan sectario. Podríamos hasta afirmar que jamás hemos sufrido un Ejecutivo con tanto chufla si no fuera porque de sus componentes dependen tantísimas cosas que nos impiden tomarlo a cuchufleta. La España boba no sólo habita en la Moncloa, sino en las Alcaldías. Este agosto nos ha hecho el impagable regalito de la alcaldesa de Gijón, que destila sectarismo en horario de mañana y tarde. Y el alcaldito de Oviedo hace oposiciones al premio al memo del año. Qué habrán hecho los asturianos para merecer estos dos ejemplares... Un alcalde debe preocuparse sencillamente de dejar una ciudad mejor de la que se encontró, con autobuses urbanos puntuales, una flota de taxis competitiva y unas calles y unos colegios limpios.

La ignorante de Gijón se mete en el charco de los nombres de los toros, como nuestra ínclita Teresa Rodríguez mete la pata al denunciar el machismo en los dibujos animados de la Patrulla Canina. No debió ver la agresividad de Afrodita A cuando en los años ochenta lanzaba sus pechos contra los enemigos de Mazinger Z. Estamos gobernados por bobos y sectarios que en agosto han aflorado como adosados en tiempos de bonanza económica. La gente seria y competente de este país está en la empresa privada. La política es cada vez más una pocilga de cochinos felices en los charcos. No olviden que estos memos tienen sus palmeros. Sus lacayos querrán señalarle como radical, cuando son ellos los que aman prohibir y se pirran por controlar.

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