La aldaba

Carlos Navarro Antolín

cnavarro@diariodesevilla.es

En España ya hemos sufrido indicios

La democracia no se puede dar por hecha, hay que cuidarla a diario y saber hallar los indicios de populismo y virulencia

Manifestantes ante el capitolio

Manifestantes ante el capitolio

La democracia es un jardín de flores tan bellas como frágiles que requieren de un cuidado diario. Cuesta un mundo su implantación -que nos lo digan a los españoles- y se puede perder en muy pocos días, sobre todo en tiempos de buenismo. Los buenistas se pasan las horas diciendo que no es lo mismo asaltar el Capitolio que rodear un Parlamento. Pues mire usted, claro que no. No es lo mismo la gamba que el palito del cangrejo. Pero todo análisis que se precie supone relacionar hechos no iguales, pero sí similares.

No me gustan los asaltos, ni los rodeos de sede de instituciones, ni los escraches a dirigentes políticos, ni los intentos por maquillarlos como jarabes democráticos, ni cualquier modo de intimidación del grado que sea. No me gustan los comportamientos de gamberros que hemos sufrido por parte de muchas de sus señorías en las Cortes. No me gustan nada porque, rememorando a Suárez, la calle acaba viendo como normal lo que en la política no debería ser normal por culpa de diputados que se insultan en voz baja, patalean y azuzan a las masas. El asalto del Capitolio, con víctimas mortales, no reduce la importancia de los hechos que hemos vivido en España en los últimos años y que deben ser tomados como indicios inquietantes.

La convivencia democrática tiene que ser mimada cada día. Lo aprendimos bien el 23-F, pero la tarea continúa. Ninguna democracia es sólida si no se cuida a diario. Todas las democracias tienen el riesgo de caer en manos de gobiernos populistas que suceden siempre a políticos pusilánimes, débiles de mentalidad y que confundieron la moderación con la inacción. El populismo de hoy es el lodo del barro provocado por dirigentes grises, mediocres y a los que sólo preocupaba mantenerse en el machito. Las cosas no ocurren por casualidad, tienen su proceso. En los Estados Unidos tendrán que analizar qué hicieron mal para que un botarate alcanzara la Casa Blanca.

Al igual que aquí sigue pendiente la gran sentada sobre por qué desenterramos la Guerra Civil, por qué Franco sigue vivo en los medios de comunicación, por qué aceptamos en su día la intimidación a políticos en sus casas, por qué surgió un partido de la derecha pura y dura cuando antes se concentraba en el PP, por qué damos por amortizada la corrupción, por qué nos importa tan poco un presidente del Gobierno que ha mentido, que le importan un pepino las ideas y cuya particular ideología es mantenerse en el poder al precio que sea. ¡Claro que hay que analizar y relacionar hechos! Y cuestionarse las cosas. Para que no nos arrebaten nunca el marco de convivencia. Sólo pensar y analizar nos hace libres de verdad. Y el sentido del humor, hasta felices.

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