La aldaba
Carlos Navarro Antolín
¡Moción de censura en Los Remedios!
LA hemeroteca política, ese nicho insobornable de la palabrería que tantos sonrojos despierta repasando viejas promesas o solemnnes declaraciones al pasar por la trituradora de los interese creados, nunca pasará hambre de estridencias en España, el paraíso de los tarabillas, donde se dice demasiado alto lo que se piensa para lo poco que se piensa lo que se dice.
La teoría orwelliana de que el lenguaje político está diseñado para que las mentiras suenen a verdades y el asesinato respetable no hace sino imponerse gradualmente desde los tiempos de la Transición, cuando se hablaba en medios entonces sin tacha nacidos al calor de la hoguera del advenimiento de las libertades, como El País, de un "guardia civil muerto", como si más que víctima de la barbarie terrorista lo hubiera sido de un accidente casero. Son casos como éste los que dan un timbre de gloria a nuestras hemerotecas, que sirven para entender a un país que fía mucho más de lo debido a la terminología en vez de llamar a las cosas por su nombre.
El PP no se atreve a toserle a Luis Bárcenas y en vez de querellarse contra ese ex tesorero que le está haciendo la vida imposible y hasta le ha denunciado por robarle dos ordenadores del despacho que ocupaba en la sede de Génova, lo hizo contra el mensajero que destapó las vergüenzas y ahora acusa a IU de "ofender al pueblo español" por querellarse contra Bárcenas, Trillo, Rato, Acebes y siete constructores investigados por la trama de los presuntos sobresueldos.
Qué bien le damos la vuelta a la tortilla española, siempre cargada de huevos que llevan los argumentos pegados a la cáscara. En esta secular caza al hombre que se practicará por los siglos de los siglos amén en este país de trincheras, donde estás conmigo o contra mí, no hay otra, el arte del eufemismo está consagrado a mayor gloria de la manipulación.
En todo caso, las víctimas de la hemeroteca siempre podían y podrán alegar que sus palabras se sacaron de contexto o que no son exactas. Pero ahora nos topamos con la videoteca, como bien sabe el diputado socialista Antonio Carmona, ese brillante tertuliano "teledirigido" y triturado por su desenfado sin eufemismos.
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