Su propio afán

Frivolidad en serio

También recuerdo los rechazos con gratitud, aunque eran a mí, porque me trajeron al amor de ahora

La confluencia de un nuevo verano y de alguna angustia reciente me ha recordado cómo pegaba el esquinazo a los males de amores, abundantísimos, en los veranos de mi lejana e inesperadamente feliz adolescencia. El método no llegará a ser de utilidad pública. Puede servir, sin embargo, a alguien y, con eso, ya me doy con un canto en los dientes. Yo, que lo apliqué al sentimiento juvenil, ahora lo uso con todo, y sigue funcionando.

El método consistía en no adelantar la monogamia. Yo aspiraba a ser un novio fiel y un marido indisoluble, como luego fui y soy ahora. Pero el flechazo monógamo hubiese sido alterar el orden de los factores; lo que a veces deviene en desilusión sobrevenida. Era mejor un flirteo de racimo, de modo que, cuando alguna hermosa señorita no me correspondía, yo no veía mi corazón partiéndose. Todavía alentaban otras ilusiones que podían irme mejor; o mal también, pero más tarde. Eso permitía amontonar fracasos con el mejor de los ánimos. Lo que ha sembrado el mundo, por cierto, de antiguas amigas la mar de halagadas aún porque me espetaron un "no" en su momento. El recuerdo les eleva la autoestima y me alegro. Yo también recuerdo los rechazos con gratitud, aunque eran a mí, porque me trajeron al amor de ahora, sobre todo; y porque ya entonces las cosas se complicaban si se solapaba el interés de dos o tres flirteos, aunque eso no me pasó jamás o casi nunca.

Naturalmente, hace siglos que dejé de practicar el método en el minado campo de los enamoramientos adolescentes, pero, con el tiempo, lo he trasladado a las ilusiones profesionales y literarias. Tengo siempre diversos puñados de proyectos poco compatibles, de modo que, cuando no salen, suspiro aliviado, porque, con que saliesen la mitad, me llevaban a la tumba. El otro día un gestor cultural se pasmaba de lo bien que encajé su negativa a financiarme una idea. "Estoy muy entrenado", le dije; pero él me puso tanta cara de lástima que acabé consolándole con el boceto de este artículo.

Seamos luego fieles y hasta sacramentales con nuestros amores correspondidos, nuestros trabajos acordados y con las ilusiones cuajadas, pero no nos adelantemos a las sazones ni a los ritos. Cuando nos comprometamos con algo, a muerte; pero démosle su sitio previo a la frivolité, a la sprezzatura, al nonchalence. No ofrezcamos nuestro corazón ni pongamos toda la carne en el asador hasta la hora de la verdad. Entonces, sí.

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