Vía Augusta
Alberto Grimaldi
Inmolación
NUNCA en jamás de los jamases se registró unanimidad más apabullante para discernir unos premios. Premios, en este caso taurinos, que se han fallado sin dar pie a controversias y eso que ha sido en la Feria más deslucida que recordamos. José María Manzanares ha ido al copo, se ha llevado todos los premios gordos, que son los de triunfador y mejor faena del ciclo. Y en esta Feria tan deslucida en el primer templo de Tauro no se ha dado aquello de que reine el tuerto en un país de ciegos, qué va a darse. El triunfo del alicantino que pudo ser sevillano ha resultado tan rotundo, tan incontestable y autoritario, que ha salido de Sevilla coronado como el auténtico rey del toreo. Asistíamos al prolijo recuento de votos en la Maestranza y parecía que las papeletas eran fotocopias, todas con el nombre de Josemari como triunfador y autor de la mejor faena. Insólito consenso que casi hizo prescindible recontar.
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