Vía Augusta
Alberto Grimaldi
Ayesa como síntoma
El poeta de Sevilla nace en 1874 en la calle San Pedro Mártir, aunque sus padres se trasladan pocos meses después al palacio de Las Dueñas, en el centro de una urbe romántica y decadente donde trascurre su feliz infancia. Con nueve años se encuentra ya en Madrid junto a su familia, y siendo joven comienza a introducirse en los círculos literarios y bohemios del momento. Una vez cumplida la veintena, vuelve a la ciudad hispalense para acabar el bachillerato y cursar los estudios de Filosofía y Letras, atravesando diariamente el puente de Triana para acudir a la Universidad; se siente feliz en su tierra y comienza a frecuentar a la prima trianera Eulalia Cáceres. Regresa tras la licenciatura al núcleo central de la vida española, aunque Sevilla siempre sigue presente en su alma y ayuda a que los efluvios artísticos emanen de sus entrañas; todo brota de forma espontánea a través de sensaciones subyugantes al albur de una vitalidad desbordada."Cádiz, salada claridad. Granada,/ agua oculta que llora./ Romana y mora, Córdoba callada./ Málaga, cantaora./ Almería, dorada. / Plateado, Jaén. Huelva, la orilla / de las tres carabelas. / Y Sevilla".
Retorna a su ciudad natal en 1910 para contraer matrimonio en la iglesia de San Juan de la Palma con Eulalia, la cual le aguardó largo tiempo mientras su galán disfrutaba de envolventes encantos madrileños... "Maldita sea la hora / en que contemplé tu cara, / en que vi tus ojos negros / y besé tus labios grana".
La guerra civil sería cruenta con Manuel, atrapado en Burgos con su mujer al comienzo de la contienda y encarcelado unos días por sus antecedentes republicanos. Lo posterior es nebuloso y contradictorio, participando de la propaganda del pronunciamiento militar, quizá por un simple impulso de supervivencia, pero renegando finalmente de la permanencia del régimen en el poder y de los amigos falangistas; vilipendiado por los unos y los otros, olvidado por muchos... "Después del soneto de Góngora y alguno de Calderón, no hay más sonetos en castellano que los de Manuel Machado" (Antonio Machado).
"Yo soy como las gentes que a mi tierra vinieron;/ soy de la raza mora, vieja amiga del Sol.../ que todo lo ganaron y todo lo perdieron. / Tengo el alma de nardo del árabe español". De porte altivo y torero, aunque cercano, su poesía es de contrastes: modernista, pero profunda; de sutileza y requiebros; de naturalidad y pesar; de belleza y confesión, ardiente sin redención. Estilista del lenguaje popular, grave y ligero, dramaturgo y poeta al que nunca dejaron de leer los trovadores, merece sin duda alcanzar un lugar preeminente en la morada eterna de la lírica.
"Sevilla -aire de luz y luz de aroma- / abre, en abril, como una flor radiante,/ su corazón, sonoro y palpitante,/ con un batir de alas de paloma. /..../ Para gozar el mágico momento,/ para morir un poco al cotidiano / pesar y realizar la maravilla / de suspender el triste pensamiento, / tener es fuerza el lujo soberano / de una caseta en la Feria de Sevilla".
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