La ciudad y los días

Carlos Colón

ccolon@grupojoly.com

Negra España del carnaval catalán

Cuanto menos quiere serlo, más negramente españolísima es Cataluña, más goyesca, valleinclanesca o berlanguiana

Vuelven los toros, los cines, los teatros, el fútbol, las procesiones, los conciertos… Pero no vuelve, porque nunca se ha ido, el carnaval catalán. No hay Cádiz ni Santa Cruz de Tenerife que le superen. El carnaval nacional más extravagantemente grotesco, con disfraces más elaborados, transgresiones y bromas más seriamente convertidas en una forma de vida, máscaras más engañosas y comparsas más ruidosas es el catalán.

Vean el caso de la máscara Puigdemont, su exilio, su detención y liberación en Cerdeña cuando acudía a festival folclórico Adifolk (cuyos organizadores se han apresurado a difundir en las redes su apoyo al prófugo), sus comparsas cortando la Diagonal de Barcelona para protestar ante el consulado italiano, y el quita y pone banderas Pere Aragonès apoyándole ("Ante la persecución y represión judicial, la más enérgica condena. Se ha de parar. La amnistía es el único camino. La autodeterminación, la única solución") y viajando solidariamente a Cerdeña.

¿Y Sánchez? Como si la cosa no fuera con él: "Es importante reivindicar el diálogo, la única vía para poder reencontrarse entre catalanes y con el conjunto de compatriotas de otras partes de España". Por si no se ha enterado bien, Aragonès, a quien se le pueden reprochar muchas cosas, pero no no hablar claro, le ha replicado acusando al Estado español de haber "engañado" al Tribunal General de la UE y "sólo buscar venganza", exigido la retirada de las euro órdenes contra los fugados y "que se acabe con la represión". Rematando: "Basta de persecución política. Basta de represión. Amnistía, autodeterminación, independencia". Y Sánchez, en plan del "yo sigo" de Felipito Tacatún: "Hoy más que nunca es importante reivindicar el diálogo".

Cataluña, carnaval interminable sin entierro de la sardina. Circo de tres pistas -Esquerra, Junts, CUP- con Puigdeclown como estrella unas veces marginada y otras -según convenga- jaleada. La paradoja es que cuanto menos quiere serlo, más negramente españolísima es, más quevedesca, goyesca, valleinclanesca, solanesca o berlanguiana. Pura España de los años 40, bombilla amarillenta con cagadas de mosca, nacionalismo cerril y elaboración de listas negras de profesores exigiendo a las universidades que remitan informes detallando en qué lengua imparten las clases. Es como un embrujo que acabara convirtiéndola en lo peor de la España de la que quiere independizarse.

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