Onomástica para un baño de esperanza

18 de diciembre 2020 - 02:31

Desde antier noche pisa la Tierra la Madre de Dios y ya ayer se podía uno acercar hasta donde es posible en este tiempo de pandemia y crujir de dientes. Con su manto de tisú verde, sus mariquillas y la pluma de Muñoz y Pabón, con su cara reflejando el estado de ánimo de todo el que la mira, la Esperanza celebra hoy su onomástica y se pone al alcance de todos los que la veneramos. Esta peste que ha puesto patas arriba al mundo impide el besamanos, pero no la cercanía, cercanía intocable que no permite el contacto, pero sí sentirla ahí mismo. Así y hasta este domingo nos extasiaremos con el dulce llanto de la Esperanza para, de camino, paliar nuestras vicisitudes con una sobredosis de esperanza. Esperanza que viene que ni pintada como medicina que nos permita estar a la espera de un tiempo mejor, menos convulso, más acorde con la auténtica normalidad.

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