Tribuna Económica

Joaquín / aurioles

Paralelo 39

SEGÚN Eurostat, seis de las ocho regiones europeas donde la tasa de paro es superior al 30% son españolas (Andalucía, Ceuta, Melilla, Canarias, Extremadura y Castilla-La Mancha). La novena es Murcia (29,4%), dando a entender que, al menos en términos de desempleo, el Paralelo 39 se constituye en frontera natural e infranqueable entre estas dos Españas, que no han dejado de distanciarse desde el comienzo de la crisis. El peor dato corresponde a Andalucía (36,3% de tasa de paro), que mantiene su candidatura a la región europea donde más ha retrocedido el bienestar en los últimos cinco años. En la misma dirección apunta otro informe también recién salido. El de la ONG Save the Children sobre pobreza infantil. En este caso no se desciende hasta el detalle regional, pero deja bien claro que entre los factores que más contribuyen a explicar el grave deterioro de la protección social a los niños en España, el segundo más acusado de la UE después de Grecia, están la inestabilidad laboral de los padres, el aumento de la desigualdad y el fracaso escolar, lo que permite deducir que, como hace aproximadamente un mes señalaba Cáritas en otro informe similar, pero referido al conjunto de España, el Paralelo 39 también marca fronteras en lo que a la situación de la infancia se refiere.

Hay más indicadores, pero estos dos son más que suficientes llamar la atención sobre la propuesta de Elena Valenciano y Susana Díaz de utilizar el modelo político-social de Andalucía como referencia para el proyecto político socialista en Europa. Incluso descontando la ausencia de rigor propia de las campañas electorales, uno no sabe si indignarse por la desfachatez de un discurso que ninguna de las dos se atrevería a pronunciar más allá de Despeñaperros, es decir, por lo que supone de desprecio a la inteligencia del votante andaluz, o alarmarse ante la posibilidad de que efectivamente estén convencidas de la ejemplaridad de nuestro modelo político, que es lo que debió pensar Zapatero cuando decidió llevarse a Chaves y sus recetas de diálogo y concertación a Madrid para intentar cerrar las grietas en el inestable marco de relaciones entre el Estado y las autonomías.

La concertación social es, sin lugar a dudas, uno de los elementos característicos del modelo político andaluz y también uno de los principales exponentes de su fracaso. Incapaz de ofrecer soluciones al problema del desempleo y a la reducción de las diferencias de bienestar con el resto de España, entre sus principales consecuencias están el exceso de burocracia e intervencionismo, la eliminación de cualquier resquicio para una iniciativa civil independiente y la extensión de la corrupción. El apego al poder autonómico también explica otra de las principales características del modelo: la opacidad de las instituciones y la resistencia al cambio y a la renovación de sus cúpulas. Se ha podido apreciar en la forma en que el PSOE ha esquivado el proceso de primarias para sustituir a Griñán y en la renovación de las cúpulas en UGT y la CEA, aunque nada tan despreciable como la forma en que el Partido Popular ha designado a su candidato a presidente de la Junta de Andalucía.

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