La ciudad y los días

Carlos Colón

ccolon@grupojoly.com

¿Podemos progresar sin matar o destruir?

La Revolución Industrial, a la que tanto debemos, es el origen y la causa de la degradación medioambiental

Que de lo mejor nazca lo peor parece una maldición prometeica que cayó sobre el mundo moderno desde su propio origen en las revoluciones francesa e industrial. Debemos a la Revolución Francesa el fin de los antiguos regímenes, la proclamación de nuestros derechos como ciudadanos y el comienzo de la andadura hacia la plena democracia; a la vez que le debemos la invención del terror político moderno tal como lo practicaron a escala gigantesca el comunismo soviético desde 1917, el fascismo desde 1922, el nacionalsocialismo desde 1933 o el maoísmo desde 1949. Lo recordaba Mauricio Wiesentahl en una reciente entrevista al presentar su ensayo El derecho a disentir (Acantilado): "La Ilustración, como todo momento brillante reacciona contra los abusos del Antiguo Régimen. Esto es fundamental y ahí hay una ventana abierta al progreso. Pero, de repente, todo eso se convierte en manos del terror y de los políticos, como en tantas revoluciones, en vesania, en injusticia. Adepto de la Ilustración se puede ser, pero la Revolución francesa, que llevó en carretas a niños de catorce años a la guillotina, me parece una brutalidad salvaje. Y lo mismo diríamos de la revolución rusa o de la que queramos".

Algo parecido e incluso más grave -porque al contrario de lo que ha sucedido en la política, nada parece capaz de rectificar sus efectos devastadores- sucede con la Revolución Industrial. Si a la Revolución Francesa le debemos un paso gigantesco en el progreso político hacia las libertades al precio de la invención del terror político de las dictaduras modernas, a la Industrial le debemos un paso no menos gigantesco en el progreso tecno-científico que nos ha procurado todos los beneficios hoy conocidos en la mejora de las condiciones de vida… Al precio de la degradación del planeta.

Según Bob Ward, investigador del Instituto de Investigación Grantham sobre Cambio Climático y Medio Ambiente en la London School of Economics: "Hasta la Revolución Industrial, la concentración de CO2 no había superado nunca las 300 ppm en los 800.000 últimos años, según muestras de hielo polar. La última vez que el planeta tuvo concentraciones superiores a las 400 ppm fue hace tres millones de años, cuando la temperatura media era 2 a 3ºC más alta que en la era preindustrial". Parece que los mitos paganos y judeocristianos sobre la soberbia castigada algo de verdad tenían.

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