¡Oh, Fabio!
Luis Sánchez-Moliní
Iwasaki en la Academia
El Puerto de Santa María ha sido, es y será un paraíso. Por mucho que pasen los años todo y nada cambia en este rincón. Joselito El Gallo sentenció con aquello de “Quien no ha visto toros en El Puerto no sabe lo que es una tarde de toros “, y yo digo que quien no ha veraneado en El Puerto no sabe lo que es un veraneo. Allí los días vuelan y el mes de agosto a los que venimos a veranear se nos escapa con velocidad de vértigo. Mientras los que viven en El Puerto todo el año te miran como diciéndote “ya mismo estás en Sevilla....”
A mí me da igual que haya más o menos gente , que salte levante o poniente, yo creo que ya me gusta hasta el olor cuando paso por la depuradora del Portal.
Agradezco enormemente a mis padres que nos trajeran desde siempre a veranear a El Puerto de Santa María. Tengo innumerables recuerdos de aquellos veraneos de niño. La liga de futbito de la Casa Grande, el cine de verano en la pista de tenis número 1 e ir a comprar chucherías a la huerta camino de lo que hoy día es Puerto Sherry . He tenido el privilegio de reinaugurar la plaza de tientas que hay en la hípica del club Vistahermosa, esa placita que tantas veces de pequeño miraba, preguntándome por qué estaba allí. Torear una becerra allí fue una auténtica suerte. Este rincón ha sido incluso clave en mi carrera de torero, en aquellos años de intensa preparación en Sanlúcar de Barrameda me fui a vivir a la casa que tenían mis tíos y padrinos Roberto Romero y Maruja Miura en la calle Cruces, muy cerquita del colegio de los jesuitas. Me encantaba pasear por las calles de El Puerto oliendo a bodega y velando armas para los compromisos en la plaza.
Recuerdo como anécdota, que una noche cerrada de invierno en uno de estos paseos oí cantar coplas de carnaval en un local, me asomé sigilosamente y con respeto, sin saber si allí se podía entrar. La imagen que encontré me impactó fuertemente, allí estaba la comparsa de los hermanos Núñez, conocida como los “gitanos del Puerto” cantando un paso doble del repertorio que llevaban ese año al concurso del Teatro Falla. Desde aquel día me une una gran amistad que hoy perdura con los componentes de dicha comparsa.
Incluso en mis reapariciones posteriores para matar las corridas de Miura de Sevilla, Pamplona y Madrid, volví al Puerto en los meses previos buscando volver a vivir las sensaciones que tenía cuando preparaba las temporadas allí.
Para remate de todo esto, desde hace 4 años he descubierto lo que le faltaba al paraíso. En la carretera de Jerez, muy cerquita de la Cartuja, está El Campito. Una finquita de la familia Picardo con una pista de tenis con mucha solera donde nuestro amigo Jorge Marenco nos recibe a varios aficionados a este deporte y se juegan grandes partidos de verano. El partido de tenis en El Campito oyendo las chicharras me recuerda a los veranos de campo y el posterior manguerazo con agua de pozo y las litronas que nos bebemos comentando lo ocurrido no lo cambio por nada. Ya estamos en septiembre y hay que dejar el paraíso del verano. Todo llega y todo pasa. Las cosas buenas tienen que durar poco, como las faenas grandes de los toreros.
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