Tomás garcía rodríguez

Doctor en Biología

El Rinconcillo

El establecimiento ha sido restaurado recientemente por la artista Alexandra del Bene

En un recodo interior de la muralla de Colonia Romula Hispalis derribada por Abderramán III en el siglo X, que discurría por las actuales calles Alhóndiga y Gerona, se levantó en 1670 la Taberna del Rincón. Reinaba Carlos II, el último de los Austrias españoles, y eran momentos de decadencia y recuerdos de la gloriosa historia de la villa, la cual se lamía las heridas de la terrible epidemia de peste ocurrida en 1649 que se llevó de un plumazo a la mitad de la población. En esa época, Sevilla era considerada una "ciudad convento", pues mantenía cuarenta y cinco monasterios y veintiocho conventos femeninos; permanecía recogida en sus entrañas, temerosa de su pasado e inquieta ante el porvenir cercano. Con este vivir incierto, las tascas eran el refugio de gentes de distinta calaña y procedencia: poetas, prostitutas, marineros e hidalgos reales o ficticios acudían a ellas para olvidarse de las miserias mundanas.

Transcurren los siglos y llegamos a 1864, cuando la familia cántabra De Rueda toma el timón del buque para adaptarlo a los embates de los nuevos vientos. Germinó entonces, poco a poco, uno de los innumerables bares-tiendas que surgirían en sucesión en la urbe como despacho de ultramarinos con cantina. Esta conjunción permitía a las mujeres tomar un aperitivo con tapa después de la compra, al tener vedada desde antaño su entrada en las tabernas, considerándose históricamente uno de los incentivos para la aparición de estos comercios híbridos. Nuestra tienda de coloniales sigue los pasos inexorables del progreso inconsciente y en los años sesenta del pasado siglo desaparece el colmado, y la barra decimonónica de caoba, donde se anotaban las consumiciones con tiza al igual que hoy, se adueña del destino de este bodegón de corte regionalista y reminiscencias andalusíes. Nacen las espinacas con garbanzos, los pavías de bacalao, el jamón del güeno de corte inmaculado y sabor exquisito, el bacalao con tomate y mucho más...

El ancestral establecimiento ha sido restaurado recientemente por la artista Alexandra del Bene, que ha revelado en toda su plenitud el esplendor original de vigas, estanterías, alacenas y, sobre todo, del artesonado, tapizado por capas impregnadas con humos de tabaco que impedían ver sus bellas pinturas. A la sombra de la inconmensurable Iglesia de Santa Catalina, que mantiene restos de la primitiva cerca romana, este enclave se ha convertido en un santuario de historia y de arte, del buen yantar y del bien hablar, pues El Rinconcillo acoge tertulias culturales y políticas, siendo la taberna sevillana que más tiempo se ha mantenido activa de forma ininterrumpida desde su botadura centurias atrás.

Paso a menudo por este recoveco milenario que dio nombre al lugar y que me reclama en sus proximidades, respondiendo a su nueva llamada con este humilde escrito, rebuscando en el pasado, mirando al presente y oteando el horizonte lejano a través del espacio virtual de una de las puertas de la fortaleza hispalense que aquí se levantaba.

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