José Luis De Justo Alpañés

La Sevilla de las ocasiones perdidas

Pocas ciudades han sido tantas veces importantes en la Historia como lo ha sido ésta

LO fue en el período visigodo, en el siglo VII, cuando San Isidoro escribe los veinte tomos de las Etimologías, que resumen todo el saber de su tiempo: gramática, retórica, dialéctica, matemáticas, geometría, música y astronomía, medicina, derecho, geografía, historia, zoología, antropología, geología, agricultura, jurisprudencia, construcciones. Por cierto que San Isidoro y San Leandro han sido sustituidos, en los membretes de la cuna del saber, la Universidad de Sevilla, por la Fama (¿la mensajera de Júpiter?). ¿Quién habla hoy en día de San Isidoro? Cuidado, ¡que en el plano científico no tenemos tantos nombres!

Lo volvió a ser en la España musulmana, como lo demuestran sus monumentos. Y lo fue tras la conquista cristiana, cuando se convirtió en residencia preferente de los sucesivos reyes cristianos: Fernando III (que conquistó Sevilla y murió aquí), Alfonso X el Sabio (que le dio su escudo a la ciudad), Pedro I (que construyó su Alcázar y se instaló en él). Aquí nace doña Leonor de Guzmán, que dio origen a la dinastía de los Trastámara. Durante el siglo XV, Sevilla se convierte en la ciudad más importante de España, alcanzando un tamaño semejante al de Florencia, y su reino aportaba entre un 15% y un 20% de todos los tributos de Castilla.

Tras el descubrimiento de América, Sevilla se convirtió en el centro económico del imperio español, al instalarse aquí la casa de contratación de Indias y monopolizar el comercio transoceánico. Al hacerse la navegación por el Guadalquivir cada vez más difícil, la casa de contratación se acaba trasladando a Cádiz (1717), lo que supone la decadencia de Sevilla. Por cierto, que esto podría servir de aviso a los que se oponen de forma radical al dragado del Guadalquivir. Es cierto que existen dos dificultades: la salinización de los cultivos de arroz, para lo que la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir tiene una solución con el traslado del agua de riego directamente por medio de un canal, y el problema de Doñana, para el que también hay soluciones. Esperemos que se llegue a un acuerdo.

En 1728 se inicia en Sevilla la Fábrica de Tabacos, uno de los primeros edificios de construcción industrial en Europa. En este siglo nace en Sevilla Antonio de Ulloa, insigne geodésico y científico español, descubridor del platino y Fellow de la prestigiosa Royal Society de Londres.

A partir de esta época comienzan las frustraciones de Sevilla, que trata a través de una serie de proyectos, todos fallidos, de seguir sobresaliendo en el panorama español.

Entre ellos están la industria textil de Sevilla, el canal Sevilla-Bonanza, el metro de Sevilla, que se gestiona entre los años 1960 y 1970 y cuyas obras se inician, siendo lamentablemente detenidas cuando están muy avanzadas. En este momento Sevilla era la tercera ciudad de España con metro. En este momento vemos cómo en Sevilla sólo se ha construido una línea, mientras Valencia y Bilbao tienen terminadas sus redes y avanzan las de Málaga y Granada, mientras que las de Sevilla están totalmente paradas. Yo espero de la sensibilidad de la nueva presidenta de la Junta de Andalucía, que estas obras se reanuden pronto, porque es una deuda que tiene Sevilla, de la que tampoco se puede desentender el Gobierno central (existe una ley de metro de Sevilla, no abolida).

En el año 1991 se celebra el primer concierto de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla, que rápidamente se convierte en una orquesta de gran futuro, a la que estoy abonado desde su fundación. En el concierto del día 29 de marzo de este año, los propios músicos de la orquesta nos han entregado un escrito en el que hablan de la situación crítica en la que se encuentra la orquesta. Y es que cada año las distintas administraciones van reduciendo de forma drástica su aportación a la orquesta, porque, sencillamente, a nuestros dirigentes no les gusta la música sinfónica. Yo les pido que asistan, que vean lo lleno que está el teatro a pesar de la crisis y que comprendan que la disolución de la orquesta no es una cuestión baladí. La oferta cultural de altura de la ciudad de Sevilla se resume en dos cosas: el teatro de la Maestranza y la Real Orquesta sinfónica, y, sin ellas, la ciudad de Sevilla recibirá un golpe mortal. Una nueva frustración. Con todos los respetos, Sevilla no se puede refugiar exclusivamente en el folclore.

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