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josé / rodríguez De La Borbolla

Sevilla, sus tiempos y su imagen

CONTROLA Sevilla sus tiempos y su imagen? ¿Genera la Sevilla actual su ritmo presente de vida? ¿Busca la Sevilla actual difundir una imagen actualizada de sí misma, que la tiene? ¿O es controlada Sevilla por sus tiempos y sus ritmos de siempre y está prisionera de una imagen heredada que, además, no hemos creado únicamente los sevillanos?

No son cuestiones de segundo orden para una ciudad que quiere competir en el concierto de las ciudades modernas. Es sabido que una primera condición para triunfar es saber manejar los tiempos, tanto el propio como el del entorno. También es indispensable crear, defender y recrear la propia imagen, para adaptarse a los tiempos. Eso es así en todos los campos en que hay competencia. El tiempo externo condiciona nuestra existencia y la imagen es fundamental, aunque no sea otra cosa que una máscara con que nos presentamos a los demás. Sobre la imagen, sobre la máscara, decía Juan de Mairena a sus alumnos: "Procurad que vuestra máscara sea, en lo posible, obra vuestra; hacéosla vosotros mismos, para evitar que os la pongan -que os la impongan- vuestros enemigos o vuestros correligionarios; y no la hagáis tan rígida que os sofoque el rostro…". A partir de ahí, esbozo dos hipótesis -que no dos tesis-, sobre los tiempos y sobre la imagen de Sevilla.

Primera hipótesis: es posible que Sevilla viva demasiado y exclusivamente pendiente de sus ciclos vitales internos. Los ciclos rigen a todos los seres vivos, quizás todos nos movemos en el seno de unas inmensas "ruinas circulares" borgianas. Pero la vida de una ciudad no se puede limitar a la repetición gozosa de sus propios y singulares eventos anuales, por muy colectivos y gloriosos que sean y por muy felices, extasiados y transidos que nos sintamos por participar en su celebración. Los sevillanos echamos mucho tiempo abstraídos, ensoñándonos, reinando en nuestra singularidad cíclica. Fuera, el tiempo sigue discurriendo con otros ritmos, generando nuevas condiciones y oportunidades. Otras ciudades en el mundo, más allá de sus ciclos, salen más de sí y son más capaces de vivir el tiempo de fuera.

Segunda hipótesis: es posible que Sevilla tenga una excesiva preocupación por la preservación de su imagen heredada, algo estereotipada y fijada desde fuera, en muchos casos. Sevilla es Velázquez y Murillo y Zurbarán, pero es también Sánchez Perrier y Gordillo y Carmen Laffón; Sevilla es la Semana Santa con sus marchas y la Feria con sus sevillanas, pero es también el Teatro de la Maestranza y la Sinfónica y el Festival de Cine; Sevilla es la Catedral y el Alcázar y la Fábrica de Tabacos, pero es también Aníbal González y Cruz y Ortiz y Vázquez Consuegra; Sevilla es Gutierre de Cetina y Fernando de Herrera y Rodrigo Caro, pero es también Fernando Villalón y Juan Sierra y Fernando Ortiz…

Sevilla es muchas Sevillas. Sevilla ha vivido -y vive- muchos tiempos a la misma vez. Ha sabido generar imágenes multidimensionales, permaneciendo siempre fiel a sí misma. Sevilla es una mujer, y las mujeres, según estudios recientes, son más capaces de hacer y vivir varias cosas al mismo tiempo y de facetar su imagen en toda ocasión. Aprendamos todos. A lo mejor salimos ganando.

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